Tuesday, 25 December 2018

Feliz Navidad La Navidad en la pequeñez


Queridos hermanos y hermanas de la Divina Voluntad,

“La Palabra de Dios se hizo carne”, escribe san Juan en su evangelio.

El niño de Nazaret no es una señal de cualquier esperanza, sino de la esperanza que nace de la proximidad de Dios.

Con el nacimiento de Jesús, Dios ya no debe imaginarse en la lejanía remota de los cielos, impasible en su bienaventuranza e indiferente ante nuestras vicisitudes, pero plenamente implicado a través de la frágil carne de un niño.

Dios desciende, se rebaja, se hace carne, confía en nuestras manos.

La Palabra de Dios, encarnándose, no sólo nos reveló la proximidad amante de Dios, sino que nos indicó el camino a seguir para realizar las esperanzas más profundas y secretas de nuestro corazón.

Los pastores lo entendieron. Así que ahora son los puros de corazón, los simples, los pequeños los que entienden.

La riqueza más grande es el amor recibido y donado.

El evento de Belén es un misterio grande y luminoso, porque el amor de Dios se hizo carne y, en la sencillez de un niño, se ofrece a todos los que buscan el secreto de la paz y la verdadera alegría.

“Necesitamos la pequeñez de la criatura como un espacio donde puedan formarse nuestras obras, la necesitamos como la nada de la Creación y, en cuanto nada, llamamos a la vida, en ello, nuestras obras más hermosas; queremos que esta pequeñez sea vacía de todo lo que no pertenece a Nosotros, pero sea viva, para que sienta cuánto la amamos y la vida de las obras que nuestra Voluntad desarolla en ella”.

(Vol XXXII, 26 de marzo de 1933)

Es el deseo más real para todos los hijos y las hijas de la Divina Voluntad, poder celebrar la Navidad del Señor en nuestra pequeñez, ¡para que su Voluntad actúe en nosotros!



¡Fiat!

El Presidente

Michele Colonna

con la Asociación Luisa Piccarreta Pequeños Hijos de la Divina Voluntad

Actos en el Querer Divino – El primer acto de Dios "Fiat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra"

Actos en el Querer Divino – El primer acto de Dios
"Fiat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra"

La vida  en santidad no es una noveda insertada en algún momento de la vida del hombre. No debemos olvidar que es la únca, es el primer deseo de Dios, nuestro Padre Creador. En el exceso de Su Amor, creó al hombre para que se recreara con todos los bienes de la Creación, puestos a su disposición y sobre los cuales le dio libertad de dominar  (cf. Gen 1: 27-29).

En el Edén, Adán caminaba con Dios, vivía en santidad, ciertamente realizaba sus primeros actos en el Reino del Fiat Divino, hasta que tropezó con uno de los tres poderes con los que Dios lo dotó para que fuese similar a Él: La voluntad.

En los Escritos, mientras Luisa se pregunta acerca de la santidad de Adán, Jesús destaca la santidad de ella. Nuestro antepasado poseía tal santidad cuando fue creado por Dios, e incluso sus acciones más pequeñas tenían tal valor, que ningún santo, ni antes ni después de la venida de Jesucristo a la tierra, puede compararse con su santidad y todos sus actos juntos no tienen el valor de un sólo acto de Adán. Adán poseía en sí mismo la Divina Voluntad, poseía la plenitud de la santidad, la totalidad de todos los bienes divinos para poder llenar el Cielo y la tierra sobre los cuales él tenía dominio. Cada uno de sus actios fue hecho en la plenitud de todos los bienes divinos.

En sus actos, le dio a su Padre celestial toda la gloria, ese amor pleno, que ninguna criatura le dio, porque solo en la Divina Voluntad estos actos tienen un valor infinito. No existen fuera de ella. Adán participaba en la Divinidad al tener las riquezas de la Voluntad Eterna, porque a Dios, al crearle, no dejó nada fuera, en todo le fue dada tanta plenitud divina commo le era posible contener a la criatura. Y esto, mientras vivió en el Reino de la Divina Voluntad, reprodució en sí la imagen más hermosa que Dios quizo darle, dotándolo de voluntad, intelecto y memoria.

En la voluntad se refleja el Padre Celestial, que como Primer Acto, comunicó Su poder, Su Santidad, Su altura, a la cual fue elevada la voluntad humana, invistiéndola de Su propia Santidad, Poder y Nobleza ... entre las dos voluntades, todo estaba en común. , en mutuo acuerdo. Y es así como, en su primer acto, la voluntad de Adán fue constituida libre, independiente, tal como fue el primer acto de la Voluntad del Padre Celestial. Mientras que el Hijo y el Espíritu Santo  concurrieron en segundo y tercer acto. El Hijo, dotándolo de intelecto, el Espíritu Santo dotandólo  de memoria.

Con Luisa, durante su formación, Jesús nos enseña a todos a vivir, con nuestros actos, en Su Divina Voluntad y, sobre todo, a no salir de Ella. Todas las acciones hechas en Su Voluntad son tan apreciadas que tan pronto como el alma entra en Ella para actuar, Su luz la rodea y Jesús mismo corre para hacer que Su acto sea uno junto con el de la criatura, sean uno, y ya que Él es el primer acto de toda la Creación, sin Su primer impulso, todas las cosas creadas permanecerían paralizadas, sin fuerza e impotentes ante el más mínimo movimiento. La vida está en movimiento; sin ella todo está muerto.

Explica Jesús a Luisa que es Él, el primer movimiento, el que da vida y pone en acción a todos los otros movimientos. En tu primer movimiento, la Creación te rodea. Al igual que un carro en el que, al poner en marcha la primer rueda, se ponen en movimiento las demás ruedas. Entonces aquellos que trabajan en la Divina Voluntad se mueven en Su primer movimiento y de ahi van a encontrar y a operar en el movimiento de todas las criaturas ... aquellos que viven en la Divina Voluntad sustituyen a todos, Lo defienden de todo y resguardan Su movimiento, que es Su misma vida

Los Ángeles, por ejemplo, se conservan hermosos y puros tal como salieron de las manos del Creador. Siempre han permanecido en ese Primer Acto en el que fueron creados; por lo tanto, estando en ese Primer Acto de su existencia, están en ese único Acto de la Divina Voluntad que, sin conocer otra sucesión de actos, no cambia, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables. Toda su felicidad es permanecer voluntariamente en ese Acto Único de la Divina Voluntad. Todo lo encuentran en el circuito de la Divina Voluntad, no quieren ser felices de otra manera, sino sólo con lo que la Divina Voluntad les suministra.

Así, en la creación del hombre, la Divina Voluntad le fue dada como vida primaria y primer acto de todas sus obras. Debido a que creció en gracia y belleza, necesitó una Voluntad Suprema, que no solo acompañaba a su voluntad humana, sino que reemplazaba el trabajo de la criatura. La Voluntad Divina entra en la vida primaria de la criatura, y mientras se mantienga en ese primer Acto, que es su vida, la criatura siempre crece en gracia, en luz, en belleza, preserva el vínculo del primer Acto de la creación, dando A la Santísima Trinidad la gloria de todas las cosas creadas.

Todos los hechos en la Divina Voluntad entran en el Primer Acto, cuando se originó toda la Creación, y los actos de la criatura, besándose con los de la Divinidad, porque una es la Voluntad que da vida a estos actos, se difunden en todas las cosas creadas, tal como la Divina Voluntad se difunde en todas partes, y están constituidos por el intercambio de amor, de adoración y de gloria continua por todo lo que ha sido puesto en la Creación.

Al principio, con la virtud de la Divina Voluntad, la santidad del hombre estaba completa, porque provenía de un acto completo de Dios: era santo y feliz en el alma, así como santo y feliz en el cuerpo, porque la Divina Voluntad le traía los reflejos de la santidad de su Creador.

Ahora, cada criatura debe recorrer este camino para volver al punto donde se produjo la división; regresar para tomar la Voluntad Divina como vida, como regla y como alimento, para purificarse, para ennoblecerse, para divinizarse y para tomar el Primer Acto de la Creación, ya que la Venida del Divino Hijo a la tierra fue precisamente el primer acto: Dar a conocer la Voluntad de Dios Padre para renovarla nuevamente en las criaturas.

Al fusionar todo en la Divina Voluntad, el alma se "reordena", vuelve al principio de donde surgió y se restaura el orden entre el Creador y la criatura. Todas las cosas están en orden, tienen un lugar de honor, son perfectas cuando no se mueven del principio de donde salieron. Los actos realizados en la Divina Voluntad, y solo éstos, vuelven al principio donde se creó el alma y cobran vida en el contexto de la eternidad, trayendo a su Creador los tributos divinos, la gloria de Su propia Voluntad.



Majestad Suprema y Creador de todas las cosas,

en tu Voluntad, he viajado alrededor de todo,

para que todas las cosas puedan glorificarte, amarte y bendecirte,

que tu Voluntad descienda a la tierra,

para que pueda entrelazar y fortalecer todas las relaciones entre Creador y la criatura,

y así todas las cosas vuelvan al primer orden, establecido por Tí.

FIAT!

Monday, 17 December 2018

PARA LEER Y HACER LEER Actos en el Querer Divino: rayos del acto de Dios Unico-Eterno

Actos en el Querer Divino: rayos del acto de Dios Unico-Eterno


Si la oración, personal o comunitaria, es el acto por el cual cada hombre se une a Dios y el alma se eleva a Dios, con la oración de las Rondas (Giros), Luisa nos lleva a una dimensión superior, a fusionarnos  con Él, a través del ejercicio espiritual de girar por todo lo que Dios ha hecho: creación, redención, santificación.

 Dando a Dios lo que es de Dios, estableciendo con Él una reciprocidad de amor que beneficia a la criatura que realiza las rondas y ésta, a su vez, "visita" e impetra el Reino del Fiat Supremo sobre la tierra.

El tercer Fiat es lo que toda criatura debe decirle a Dios para entrar en el Reino del Querer Divino, renunciando a todos los modos y formas de todo tipo de pecado voluntario y, realmente convirtiéndose, ya en esta tierra, en partícipe de la Omnipotencia Divina, la Riqueza Divina, la Realeza Divina, de la Divina Felicidad, con actos que le remitan a la eternidad, al Acto Eterno de Dios. Al Acto Único de Su exceso de Amor.

Nuestra eternidad ya está aquí y ahora, presente en cada acto de nuestra existencia. Cada momento de nuestra vida, así como cada evento, grande o pequeño, en la historia del Universo. Todo, desde el momento en que recibe la existencia, permanece para siempre. ¡Así que cada acto es indeleble, es para siempre! ¡Cada acto nuestro, en su momento, tiene el valor de la eternidad! Ningún acto perecerá, desaparecerá en la nada.

Es bueno entonces que, precisamente por que somos imágenes de Dios,  voluntariamente, libremente, hagamos muchos actos, porque estos entran a formar parte del Acto Eterno de Dios. Cada uno de nuestros buenos actos nos guía al origen de Su Acto Eterno, Acto Único, contribuyendo al bien universal, porque en La Divina Voluntad, Jesús le explica a Luisa, que cada acto sirve al bien universal, al bien de todos, a nadie hace a un lado y, haciendo uso de Su Omnipotencia, une a todas las criaturas y a sus actos, excepto al pecado, porque el mal no entra en Ella.. Y si bien es un solo acto, por su omnipotencia, une todo y hace todo como si fuera uno solo. Tal fue la concepción de la Virgen María: en su omnipresencia e inmensidad, Dios llamó a todas las criaturas, todos sus actos buenos presentes, pasados y futuros como si fueran una solo, para que esta Concepción se formara sobre todo y sobre todas las cosas, dando a todos el derecho de  hijos y a María, el derecho de Madre de todos.

Pero, ¿cómo es posible tanto poder, tantos actos en uno, que se forman al obrar en la Divina Voluntad? A esta pregunta que tanto Luisa y así mismo nosotros hacemos, Jesús responde con la imagen del sol. Éste da luz a toda la tierra, porque es más grande que la tierra, porque posee la fuerza única y completa de la luz, posee la fuente de los colores, de la fecundidad y de la variedad de dulzura. Por eso, al ser el sol más grande que la tierra, puede dar luz a toda la tierra, puede dar la variedad de colores a las flores, la dulzura diferente a las plantas y frutos. Uno es el acto que hace el sol en su grandeza y magnificencia, y con este único acto hace tanto, que mantiene cautivada a la Tierra entera, dando a cada cosa su propio acto distinto. Cuando su luz toca la tierra, vemos que sus efectos se transforman en actos y ni uno solo se pierde, sino que, celoso, los conserva en su único acto de luz.

Ahora, con mayor razón la Divina Voluntad, así como es interminable y con un solo acto produce la fecundidad de todos los demás actos, el alma que vive en Ella posee la fuente de sus actos, su fecundidad. Esta es la razón por la que, en el alma donde el Querer Divino reina y domina, no cambia el régimen ni los caminos y, a medida que actúa en ella, sus actos se manifiestan con la multiplicidad y la fecundidad de Sus actos divinos.

En la Patria Celestial, reina el acto Único y Universal, una es la voluntad de todos, un solo querer, nadie realiza ni desea otra cosa, cada bendita alma siente el Divino Querer como vida propia y al tener todos una sola voluntad, se forma la sustancia de la felicidad de todo el cielo. No hay nada que la Divina Voluntad no pueda hacer, en ella no puede haber actos rotos, sino un acto continuo y universal, y como en el Cielo reina con todo su triunfo y pleno dominio, en ella, toda la naturaleza siente su vida universal y está llena hasta el borde de todos los bienes que Ésta posee... La Divina Voluntad mantiene a todos los bienaventurados absortos, ensimismados, fusionados en Ella misma, como si fueran uno.

Sin embargo, ¿creemos que solo en el Cielo este Acto Universal se extiende y comunica su vida palpitante a cada criatura?

No, no, lo que Ella hace en el Cielo, lo hace también en la tierra... Su Acto universal se extiende a cada creatura y quién vive en Ella siente Su Vida divina, Su santidad, Su latido increado, que al consituirse vida de la criatura, con su movimiento incesante se derrama siempre en ella, sin cesar,  y la feliz criatura que la hace reinar, la siente en todas partes, por dentro y por fuera. Su acto universal la mantiene rodeada por todos lados, de modo que no puede salir de la Divina Voluntad... Quien no siente la vida del Cielo en su alma y no siente ese acto universal, es porque no se ha dejado dominar por la Divina Voluntad, dándole libertad para hacerla reinar.

Todos los actos de Dios forman un único acto que abraza todo y que reúne en sí a todos los demás actos. En la creación del hombre, uno fue el Acto, y de este Único Acto salió de Dios: la santidad, el poder, la sabiduría, el amor, la belleza, la bondad... en suma, no hubo cosa alguna que saliera de Dios, que no fuera infusa en el hombre. De todo tomaba parte, porque cuando la Divina Voluntad actúa, no sabe cómo hacer las cosas a la mitad. Y lo que hace en el cielo, lo hace en la tierra, es por eso que Su acto es Ünico y Universal.

Y todos los actos realizados en el Querer Supremo, no pueden permanecer en la tierra. Es Querer Divino el que, como un imán, los retira de su origen y les da nacimiento en la Patria Celestial. Y es tanto el valor de estos actos que los Ángeles se estiman afortunados de recibirlos ... sienten en estos actos el eco del Fiat Divino

… El Hombre, al hacer su voluntad, salió de la unidad de la Divina Voluntad y todos sus actos perdieron la fuerza de esta unidad y quedaron dispersos, divididos entre sí, vaciados de la plenitud de luz de los actos divinos. Ahora, quien recibe como don, el llamado a vivir en el Querer Divino, va reuniendo todos los bienes (actos) dispersos por las criaturas y forma un solo acto, y estos actos se convierten en el derecho de aquellos que hacen y viven en el Fiat Divino. No hay bien que no puedan tomar aquellos viven en Mi  Querer: con la fuerza de bilocación de este llamado, reúne y une a todos los actos y, ordenándolos todos en el Fiat Divino, devuelve todo a Dios y Dios lo da todo.



Queremos que la criatura viva en Nuestro Querer,

Para asegurarnos de que sus actos y los nuestros están fusionados

y que son de un solo tono,

de un Sólo Querer.

FIAT!

Riccardina

Saturday, 8 December 2018

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO


Preparar el corazón: esperar es amar
07/12/2018

Segundo domingo de Adviento. Tiempo de espera, de preparación para acoger al Dios que viene. El evangelio trae exactamente fechas, nombres, naciones y regiones: siempre hay un emperador, un gobernador, unos príncipes, unos sumos sacerdotes que ejercen su poder en los Palacios y el templo. Este marco de poderes, que a menudo se confunde con la verdadera historia de la humanidad, contrasta con el acontecimiento humilde y pequeño, pero decisivo, que ocurre en el deserto: la Palabra de Dios dirigida a Juan, hijo de Zacarías. Este contraste entre la grande historia: la de los fuertes y los potentes, y la pequeña historia: la de los simples que escuchan la Palabra de Dios, es una constante del actuar del Señor. Dios hace cosas grandes, pero a partir de los pequeños, del cotidiano, de los gestos simples y humildes.

El evangelista Lucas subraya aún más esta oposición entre el estilo de Dios y el de los potentes: la Palabra, en efecto, resuena en el desierto. El desierto en lugar de un palacio o del mismo templo, porque el desierto es la tierra de nadie, la tierra vacía y sin valor donde puede producirse en plenitud el poder de Dios. Sí, porque el desierto es un lugar de importancia fundamental en la historia de la salvación del pueblo judío. Ahí donde no tienes nada, puedes confiar sólo y únicamente en la verdad, en el Señor, que puede dar la vida y ofrecer la salvación. El desierto es el regreso a lo esencial, a esa pobreza interior donde somos auténticos, pequeños, verdaderos. Dios viene al profundo de nuestra humanidad. Cuanto más bajaremos en el profundo de nuestra humanidad, desnudándonos de cualquier exterioridad y de lo superfluo, tanto más estaremos en relación con Dios.

En el evangelio se afirma que en el desierto de Judea hay un hombre que vive en la esencialidad y austeridad más grande, y que se dirige a la humanidad sugiriendo el perdón, la conversión, la verdadera preparación al encuentro con Dios. No es un rey o un potente, sino un hombre del desierto y de la Palabra, el verdadero heredero de los profetas. Juan el Bautista tiene la tarea de la preparación inmediata para el acaecimiento. El Señor está cerca. Es en el corazón de los hombres que hay que trazar el camino para la llegada del Señor. El camino del Señor pasa inevitablemente por la conversión de los corazones. Una conversión que encuentra en Él la oferta generosa del perdón, de la renovación de la vida, la salvación de los individuos y de toda la humanidad.

Es el Señor que da a todo sí mismo, el camino que preparar es el suyo. Un escritor utiliza esta expresión: “Dios encendió su lámpara entre las estrellas, y espera que el hombre se ponga en camino”; «Amar es esperar» (dice Simone Weil). Dios es amor en espera. Y la esperanza nace ahí donde el movimiento de Dios y el del hombre se cruzan, donde se fusionan el grito y la palabra dirigida al corazón. El lugar de la esperanza es la Navidad de Jesucristo, donde se cruzan la llegada de Dios y el camino del hombre.

El 5 de septiembre de 1900 Jesús le dice a Luisa que el verdadero amor es cuando está respaldado por la esperanza, y por la esperanza perseverante, porque si hoy esperamos y mañana no, el amor se hace enfermo, porque, como es alimentado por la esperanza, cuanta más comida le administra, tanto más se hace fuerte, robusta, tanto más vivo es el amor. Y si esto falta, primero el pobre amor se pone enfermo, y luego, quedándose solo, sin apoyo, acaba muriendo totalmente. Por eso, por lo grandes que sean nuestras dificultades, jamás, ni por un momento, debemos alejarnos de la esperanza con el miedo de perder a Jesús; más bien, debemos hacer que la esperanza, superando todo, nos haga encontrar siempre unidos con Él, y entonces el amor tendrá la vida perpetua.

don Marco

Thursday, 29 November 2018

Hechos en la Divina Voluntad: Fiat Creando-Redentor-Santificador

Hechos en la Divina Voluntad: Fiat Creando-Redentor-Santificador
"En verdad les digo: El que crea en mí hará las mismas obras que yo hago, y como ahora voy al Padre, las hará aún mayores" (Jn 14,12).

Luisa escribe que todo está en la Divina Voluntad, la cual quiere operar en todo. Para crecer en Ella, debemos llamarla en todo lo que hagamos, tanto en lo natural como lo espiritual, de manera que extienda su Vida en todo, en cada uno de nuestros actos más pequeños. La Voluntad Divina, a las almas que la invocan, da Su Amor para ser amada, Su santidad para santificarlos, Su luz para eclipsar sus pasiones, sin disminuir de ninguna manera, su voluntad humana.

Cada cosa creada (Fiat Creador), cada acto de la Humanidad de Jesús (Fiat Redentor), cada acto del Espíritu Santificador (Fiat Santificador), tiene un valor y efectos infinitos para el bien de todos, porque están animados por la Divina Voluntad, por la Naturaleza Divina de Dios. La vida divina, a la cual estamos llamados, consiste en profundizar cada vez más en la experiencia de vida, interior, religiosa y moral, de Jesucristo, convertirnos en lo que el Padre tenía en mente al crearnos, fieles a nuestro verdadero ser, hechos a imagen y semejanza de Dios.

Es por esto que se necesita tanta constancia y alimento divino, extraído de todo lo que lo contiene, para alcanzar un nivel superior y unirnos con la Voluntad Divina. Fusionarse en la Divina Voluntad y convertirse en lo que Ella contiene, significa precisamente reconocer este alimento divino a través canales de amor, gracias y comunicación entre las cosas creadas, tomarlo y alimentar la semilla de la Vida Divina que Dios ha colocado en nosotros, hacerla crecer y crecer y traerle a todos, para agradecer y amar a Dios por todos. La vida divina crece en el alma, con tanta energía que puede compararse con ese niño que, creciendo en buen aire y con alimentos saludables, siempre crece bien, con buena salud, hasta que alcanza una altura razonable, sin necesidad de médicos ni de medicinas, de cierto tan fuertes y fuertes que incluso levanta y ayuda a los demás.

Al orar las Rondas, el alma realiza un peregrinaje piadoso por todo el Universo, entra en contacto con las cualidades divinas difundidas en la creación y con actos de amor, alabanza, acción de gracias, bendición y reparación, aprende a vivir en el Reino de la Divina Voluntad e impetrar su venida sobre la tierra.

Partiendo de la Creación y uniéndose con ella, el alma penetra con sus actos en la vida del Fiat Supremo que sostiene y dio origen al mundo y pronunciando su Fiat en el Fiat Creador le da a la creación el intercambio de amor por todas las cosas creadas, les da voz e imprime un te amo por cada estrella en el cielo, por cada gota de agua contenida en el mar, por cada brizna de hierba que crece en la tierra.

En estos giros que el alma hace en la Divina Voluntad, nada hay de interés personal, sino que todo es sólo para la gloria de Dios. Aquí se encuentra todo Su poder creador, como en el acto de poner en la gran máquina del Universo, canales infinitos de gracias y de amor especial entre la Suprema Majestad y la criatura. Son poderosos y santos estos actos universales y se multiplican hasta el infinito a través de la savia que circula por todo el Universo porque en cuanto una cosa creada es alcanzada, como todo es parte de la misma Cabeza, entonces todas las demás cosas son alcanzadas. El poder creador y preservador de la Divina Voluntad se está llevando a cabo una vez más. Es como si estuviéramos presenciando una nueva creación. Y es el mismo Jesús quien afirma esto cuando le dice a Luisa que los actos en la Divina Voluntad pueden crear cosas más hermosas que las que ya se han hecho, mundos más hermosos que los que ya han sido hechos, mundos de todos los mundos.

En esta fusión en la Voluntad Divina, el alma, volviendo a la creación, puede hacer aún más y alcanzar el punto en el que Adán separó su voluntad de la Divina y, extinguiendo su voluntad en la Divina, reparar el acto de orgullo de Adán y así restaurar toda la gloria a la Voluntad Suprema, como si Adán nunca se hubiera separado de Ella, como si la Voluntad Divina jamás hubiese sido ofendida.

Después de la Creación, el alma pasa a la Redención con nuevos actos que acompañan a Jesús en su vida en la tierra, para participar en los actos que Jesús ha vuelto a realizar por cada criatura. Y Jesús siempre le dice a Luisa que, como la Majestad Suprema manifestó tanto amor a la humanidad en todas las cosas creadas por su Fiat Todo-Poderoso, fue justo que su Hijo Divino, en su propio Fiat, en el que trabajó la Redención, re-hiciera tantos actos para compensar por tanto amor. Su primera tarea, cuando vino a la tierra, fue formar muchos actos en el Fiat Eterno por cada acto hecho por El Padre Celestial en la Creación y entrelazar a los dos Fiat, para hacer que otro Fiat humano y divino surgiera de la tierra para mutuamente besarse, entretejerse y reemplazar el intercambio de amor por todas las criaturas. Ahora esta tarea pasa directamente a las criaturas, de las cuales Luisa es la primera, para formar muchos actos en el Fiat Santificador, entretejiéndolos con los de la Creación y la Redención.

El Fiat Creador que dispersó tanto amor en el Universo tuvo su compañía dulce y armoniosa con Fiat Redentor, pero ahora, este Fiat no quiere quedarse en un par, quiere un tercero, quiere el tercer Fiat, donde el Espíritu Santo es el protagonista que regresa a los bautizados la semejanza divina. Si en Fiat Creador nuestros actos están en comunicación con el poder creativo del Padre y en Fiat Redentor claman nuestro perdón junto con las heridas de Jesús, en el Fiat Santificador restauran al Padre toda la Gloria que Le es debida. Estos son actos solemnes que ponen el cielo y la tierra en movimiento. Con ellos entramos en la esfera de las Santísima Trinidad. Se relacionan con el acto único y continuo de Dios, ayudan a los pecadores, liberan a las almas del purgatorio. Tienen un efecto universal, pero sólo Jesús, en Su Divina Voluntad, sabe cómo dirigirlos. Con la creación de la criatura en la Divina Voluntad, la Divina Majestad sentirá en ella el eco de Su Voluntad, la fuerza generadora que siempre genera amor y gloria y la continua repetición de Su propia Vida, de Sus propios actos... donde reina el Fiat, que continuamente genera sin fin, dando vida a nuevas y grandes obras que servirán como el adorno más hermoso de la Divina Patria Celestial.



Vida mia, entro en Tu Querer Divino

para poder expandirme en todo y en todos.

Quiero sellar todo con Tu Querer,

para que así puedas recibir de todos

la gloria de Tu Poder,

de Tu Amor,

de Tu Santidad.

Saturday, 24 November 2018

TEXTO DE "HIJAS BENEDICTINAS DE LA DIVINA VOLUNTAD"

De hecho, la Voluntad Divina no es un carisma para nosotras, sino un modo de vida. No sólo cada hermana está obligada a leer todos los días, por lo menos una hora de los treinta y seis volúmenes de los escritos diarios de Luisa, sino que todas hacemos todo lo posible por vivir en la Santísima y Divina Voluntad de Dios según las propias enseñanzas de Nuestro Mismo Señor. Si estamos orando, le pedimos a Jesús que venga a orar en nosotras. Si estamos trabajando, Él está trabajando en nosotras. Si estamos ministrando al pueblo, Jesús lo está haciendo en nosotras. A lo largo de nuestro sencillo día, tratamos de unirnos con el Señor lo mejor que podemos y darle todo el honor y la gloria que Él merece. Es una forma de orar siempre, en cada respiro, latido del corazón, pensamiento, palabra y obra -como Adán y Eva antes de la Caída y Nuestra Santísima Madre a lo largo de cada segundo de Su vida. Cuanto más muramos a nosotras mismas, más nos volvamos nada, más dejemos que Jesús tome el control y haga todo en nosotras... más crecerá nuestra paz, nuestra alegría y nuestro amor. Nos ha sido dada la perla de gran valor a cambio de nada más que nuestra propia, humana voluntad.

En los corazones de todo

Como nuestro querido y glorioso San José nos muestra en Nazaret, el secreto de todo está entre los Sagrados e Inmaculados Corazones de Jesús y María. Al igual que la Sagrada Familia, creemos que vivir juntas en el amor y humildemente hacer las "pequeñas cosas" que el Señor nos pide cada día, es el camino más seguro para glorificar a nuestro Padre Eterno. Puesto que Dios parece preferir a los pequeños, a los débiles, a los insignificantes, a los pequeñitos... eso es lo que las Hijas Benedictinas de la Divina Voluntad se esfuerzan por ser y lo que esperamos siempre permanecer.

Wednesday, 21 November 2018

Actos en el Querer Divino: Unión con Jesús





"Un alma unida a Dios, transforma sus acciones más mundanas en acciones divinas y en alabanza y gloria a Dios" (Beata Isabel de la Trinidad)
Lo que hace arder más el corazón de Jesús es ver a las criaturas hacer su mayor esfuerzo por Él, por vivir con Él, por unirse con Él. Él mismo las llama a conocerlo y a conocer el centro de Su corazón: la Voluntad Divina, que dio origen a todas las cosas creadas y que está presente en la misma criatura, simplemente está cubierta, eclipsada por la voluntad humana.

Y de este conocimiento surge la unión con Él, el deseo (de la criatura) de un vínculo cada vez más sólido, y que se forma a través de la realización de actos cada vez más grandes e íntimos, inmersos en la Divina Voluntad, "saturados" de la Divina Voluntad hasta la posesión completa del  Divino Querer, el primer propósito de la Creación y de la Redención.

No olvidemos que el punto fijo de toda la obra de Jesús con la criatura aparece en el título del Diario de Luisa: "El Reino de mi Divina Voluntad en medio de las criaturas, la criatura en orden, en su lugar y en el propósito para el cual fue creada por Dios ".

Jesús como verdadero maestro emprende, (a través de Luisa), un trabajo formativo gradual y constante con la criatura, enseñándola e invitándola a hacer un "ejercicio" continuo de invocación a la ayuda divina, a "hacer" todo juntos. Al llamar a la Divina Voluntad como el “acto previo” al comienzo de cada día, la criatura La convierte en La protagonista del ilimitado número da actos que realiza cotidianamente.

El acto debe ser respaldado por la intención y la acción, de tal forma que uno comience a vivir la vida en el Divino Querer como un “acto real” . El acto previo es cuando el alma, desde el amanecer, fija su voluntad en la de Jesús y decide y confirma que quiere vivir y trabajar sólo en Su Voluntad.  La Divina Voluntad precede todos sus actos y hace que todos fluyan en el Querer Divino. Con la voluntad previa, el Sol de la Voluntad Divina se eleva y la vida de Jesús permanece duplicada en todos los actos de la criatura. Sin embargo, el acto previo puede ser ensombrecido, oscurecido por las formas humanas, por su propia voluntad, pero el acto real  tiene la virtud de elevar tantos otros soles, en los que permanece duplicada la vida de Jesús,  con tal intensidad de luz y calor, como para formar tantos nuevos soles, uno más hermoso que el otro. Pero ambos actos son necesarios. El acto previo  da la mano, organiza y forma el plan para el acto real. El acto real  conserva y amplía el plan del previo.

Cada acto debe ser un encuentro con Él, el Amado y así  Él pueda quedar satisfecho con dicho acto  y lo transforme en un acto divino, porque todo debe hacerse con Él, para Él y en Él. Sólo a través de Él nuestros actos se convierten en divinos. A través de la unión de nuestros actos con Jesús, podemos sentir un nuevo poder, una fuerza divina que ya no es fuerza humana. Y cómo sorprende a  la misma criatura  ver que  sus actos, sus acciones más pequeñas e insignificantes, quedan transformadas en cosas muy grandes.

Es la misma Luisa quien  pregunta a Jesús cómo es posible que con sólo tener la intención de unir los actos a Jesús para complacerlo sólo a Él, aún aquéllos considerados como vacíos, Él los llene y los eleve a un grado supremo, haciéndolos parecer como cosas grandes.

La vida humana es un movimiento continuo de actos y acciones, tanto externas como internas. Aunque la obra de la criatura es vacía y  aún cuando ésta fuese considerada una gran obra, sólo  la unión con Jesús, la simple intención de agradarlo sólo a Él, es lo que hace que ese vacío sea llenado. Y como Su obrar, incluso un respiro, excede de manera infinita a las obras de todas las criaturas juntas,  es la causa que origina que cada obra de la criatura sea tan grande, que le da valor a sus actos.

En cada acto hecho en unión con Jesús hay un valor espiritual que va más allá de la acción visible, especialmente para aquellos que entran en comunión con Su humanidad.

El siguiente paso es compartir momentos de la vida terrena de Jesús y de María,

haciendo esos momentos nuestros. Su Fiat fue el comienzo de una vida que cambiaría el destino de las criaturas. Su obra estaba a merced de la Voluntad Divina.

Y, nuevamente Jesús le explica a Luisa que aquellos que usan Su humanidad como un medio para llevar a cabo sus acciones se nutren con los frutos de Su propia humanidad y se alimentan con Su propia comida. Además, ¿no es la buena intención la que hace al hombre santo y la mala intención la que lo hace perverso? No siempre hacen cosas diferentes, pero con las mismas acciones uno se puede santificar y otro se puede pervertir.

El alma que usa la humanidad de Cristo, como un medio para obrar, sea en  un pensamiento, un suspiro o en un acto ordinario, hace que dichas acciones sean  como muchas gemas que salen de Su humanidad y se presentan ante la Divinidad; y dado que salen a través de la humanidad de Jesús, tienen los mismos efectos de Su actuar como cuando estuvo en la tierra.

Nuestra herencia está en la humanidad de Cristo. En Su humanidad, Jesús obró con Su naturaleza Divina, rehaciendo "para todos en general y para cada uno en particular" todo lo que todos deberían haber hecho por Dios, con la mirada puesta en todos los actos de las criaturas, los posibles actos por hacer y por evitar y las mismas buenas obras mal hechas. En Su acción redentora, estaba rastreando todos los actos de las criaturas para hacerlas suyas y para dar al Padre, de parte de las criaturas, una gloria divina, adorando, sufriendo, orando, agradeciendo, reparando para todos, dándole a los mismos actos de las criaturas el valor, el amor y el beso de la eterna Voluntad.

Por lo tanto, la unión de los actos y de las obras humanas con las de Jesús es una garantía de salvación. Es una garantía para cosechar, como en un campo trabajado en conjunto, los frutos del Reino. Jesús le pregunta a Luisa si es posible que quién trabaja en Su campo, unido a Él, pueda cosechar en  tierra completamente ajena a Él. No, ciertamente. Así que, aquél  que una su  trabajo con Él, es como si estuviera trabajando en Su tierra, y por lo tanto cosechará en Su Reino.

El alma en sí misma, mientras es peregrina, no puede comprender todo lo bueno y el amor que pasa entre el Creador y la criatura, que sólo si en su obrar, en el hablar, sufrir, pensar, en cada latido de su corazón y en todo su movimiento está unida a la vida de Jesús, podrá disponer del bien para todo.

Es tanta la unión y tan estrecha entre los dos, que el Creador es el órgano y la criatura el sonido; el Creador el sol, la criatura los rayos; el creador la flor, la criatura el aroma. ¿Pueden uno ser sin el otro? No, en absoluto.

Todos los actos de la criatura, hechos o por hacerse, renovados por la redención de Jesús, son como "suspendidos" en la Divina Voluntad y esperan que el hombre los realice en su vida como sus propios actos. Así el “Fiat creativo" y el "Fiat redimido" alcanzan su plenitud en el "Fiat" que Jesús espera decir con nosotros y en nosotros.

Entonces, ¿cómo podemos rehacer nuestra vida desde el nacimiento, como si siempre la hubiéramos vivido en la Divina Voluntad?

Con un acto de nuestra voluntad. Es decir, tener libremente la intención de rehacer cada momento y acto de nuestra existencia, desde nuestro nacimiento hasta el último suspiro, en la Divina Voluntad y a través de la humanidad de Jesús. Uniendo nuestra pequeña humanidad recién concebida con la pequeña humanidad recién concebida de Jesús

Tomar vida en la Voluntad de Dios Padre, como Jesús tomó la suya y uniendo todos nuestros lamentos a Sus lamentos, cada respiración nuestra a la Suya y cada pensamiento nuestro al Suyo. Esa misma vida que Jesús vivió para cada uno de nosotros, de la forma como  le hubiera gustado a Él que lo hubiéramos vivido, hacerla nuestra, repetirla, hecho por hecho sin dejar escapar a ninguno de aquellos para quienes Él vivió. Todo para la alabanza y la gloria de Dios nuestro Padre.



El alma en mi Voluntad se simplifica y

 junto conmigo, se multiplica en todos,

 haciendo el bien  para todos.



FIAT!

Hechos en la Divina Voluntad: como María


Una acción pura, hecha únicamente para Dios, forma en el corazón puro un reino donde el Señor es el maestro absoluto" (San Juan de la Cruz)
      

María, nuestra Madre celestial, es esa criatura en cuyo corazón Dios ha habitado y la Divina Voluntad ha reinado, ha operado sin obstáculos. Ella, inseparable, se fusionó con Jesús precisamente porque ella totalmente entregó su vida a la Divina Voluntad. A pesar de tener una voluntad humana, María vivió cada uno de sus actos, por pequeño que fuera, en el orden de la Divina Voluntad porque fue un suspiro suyo el que hizo que la Palabra descendiera sobre la tierra. Después de todo, las Personas Divinas no crearon a María para mantenerla alejada. Querían disfrutarla como una hija, querían escuchar cómo sus palabras animadas por el Fiat tenían el poder de poner paz entre Dios y las criaturas. Las Divinas Personas disfrutaban ser ganados por Su pequeña hija y escucharse a sí mismos en Ella repetir: "Descienda, descienda la Palabra sobre la tierra".

Dios, por lo tanto, la utilizó a Ella admirablemente para llevar a cabo sus designios y para renovar nuevamente las dos voluntades, la humana y la divina, separadas por el orgullo del hombre, por el pecado que "vació" al hombre de la Divina Voluntad.

¿Pero cómo, dónde podría descender la Palabra? ¿Quién iba a ser Aquella, la que debía prestar su carne a su Creador? Esta es la razón por la que una criatura fue elegida y, en virtud de los méritos aticipados del futuro Redentor, fue exenta de la culpa del pecado original. Su voluntad y la Divina Voluntad fueron una sola. Ella comprendió todo el dolor que reinaba en las Santísima Trinidad por haber roto el hombre su unión con la Divina Voluntad, quedándose estancado es sus propios planes, impidiendo que todos los bienes, que todas las gracias que la Santísima Trinidad deseaba para el hombre, para enriquecerle, con Su mismo amor y atributos,  le fueran comunicados. Con su voluntad humana, en cambio, quedó privado de belleza y santidad, quedando sus actos vacíos de valor divino. Y, por lo tanto, Ella, afligida por la gran miseria del hombre, temerosa, no quiso conceder ni un sólo acto de vida a su propia voluntad. Se mantuvo pequeña, de manera que su voluntad no tuviese vida en ella, pero creció hermosa, santa, llena de gracia, porque la Divina Voluntad trabajó en Ella y Ella correspondía en todos sus actos a la Suprema Voluntad.

Y no sólo estaba Ella en orden con la Divina Voluntad, sino que todos los actos de las criaturas los hizo Suyos. Al absorber totalmente dentro de sí a la Divina Voluntad, rechazada en esos actos, la reparó, la amó y, manteniéndola como un depósito en su Corazón virginal, preparó el alimento de la Divina Voluntad para todas las criaturas.

Ella colaboró, cooperó en la Redención para obtener la salvación de toda la humanidad y continúa cooperando con la Iglesia en la obra de la salvación (cf. LG 63) por haber abrazado la voluntad salvadora de Dios, con una participación única e irrepetible (cf. Juan Pablo II).

Ahora, como lo fue María para la Redención, lo mismo deber suceder a través de Luisa para la obra del Fiat Voluntas Tua: la voluntad humana no debe tener vida en ella y, al hacer suyos todos los actos de la Divina Voluntad en cada criatura, tendrá que colocarlos en Jesús y al corresponderle en nombre de todos a la Divina Voluntad, se formará en ella todo el alimento necesario para nutrir a todas las generaciones con la comida de la Divina Voluntad.

Con Luisa, todos estamos llamados a colaborar con Dios en la realización de Su plan, que la Voluntad Suprema descienda y venga a reinar en la tierra, invistiendo todas las generaciones, ganando y conquistando todo.

Por lo tanto, Dios solicita nuestra participación, nuestro Fiat, el cual haga referencia y se asocie al Fiat de María, apoyado por nuestro compromiso, por los muchos e innumerables actos que componen nuestras vidas, no sólo son para esta y una sóla vida ya que las obras de Dios siempre tienen una resonancia universal. Es así que, la Divina Voluntad no descenderá entre nosotros sin nuestra cooperación.

María, ha abrazado los actos de todas las generaciones necesarios para obtener tan anhelado Redentor. Sus actos de virtud, de amor, Sus oraciones, deseos y suspiros de fuego fueron tales y tantos como para superar y corresponder todo el amor y las virtudes con que fue enriquecida por la Suprema Majestad. Y Jesús, encontrando en Ella todo el amor de todas las criaturas y todos los actos necesarios para ameritar que la Palabra fuese concebida, restauró toda la gloria divina y todos los actos de los redimidos, e incluso de aquellos a quienes la Redención debía servir para su condenación por su ingratitud, y entonces, como última muestra de Su amor, fue concebido. Al abrazar todos los actos de todas las generaciones, sustituyendo a todos, sucedió como si todos hubiesen sido dados a luz una nueva vida desde Sus entrañas maternas, por lo tanto, para Ella, el derecho de ser considerada Madre, es innato, es sagrado.

Luisa, al dejar que el Querer Divino reinase en todos sus actos, al abarcar todas las generaciones y recibiendo todos los actos del Supermo Querer rechazados por las creaturas, abrió de nuevo el cielo de manera que descienda nuevamente entre Sus hijos. Ahora, dentro de nuestras posibilidades, nos toca como primera generación llamada a conocer y dar a concoer esta Santidaad, la tarea de hacer venir el Reino a la tierra, no rechazando los actos del Querer Supermo y abarcando los actos de todos. Las generaciones no pasarán hasta que el Querer Divino haya triunfado.

Como Luisa, pidámosle a nuestra Madre que esconda nuestros pequeños actos de amor, de adoración a Dios, de acción de gracias, nuestros suspiros, nuestras súplicas, nuestras lágrimas, nuestros dolores, en el inmenso mar de Su amor, en Su adoración, en Sus suspiros,  en Sus súplicas, de modo que seamos un mismo amor, una misma adoración. Servirnos de toda Ella, de Su mismo mar de amor y gracias para ganar a la Suprema Majestad y lograr que venga Su reino a la tierra.

En sus lecciones para Luisa, nuestra Madre Celestial nos ofrece toda Su ayuda como soporte de  nuestros actos, de manera que estos puedan lograr la satisfacción y la sonrisa Divina, ya que Ella, como Reina, tiene primacía sobre todos los buenos actos de las criaturas.

María, como Reina, tiene el mandato y el derecho de absorver todos los actos de las criaturas en Sus actos. Es tanto su amor de Reina y Madre que a medida que las criaturas se disponen ha hacer algún acto de amor, Ella, desde lo alto de Su trono, deja caer un rayo de Su amor e invierte y rodea el acto de amor de la creatura para poner primero Su amor y hacerlo resurgir en Su mismo rayo, de la fuente de su amor, de manera que la Suprema Majestad encuentre amor, que siempre ascienda a su  Divinidad, el el amor de las creaturas, de sus hijos, fundido en el de Ella, que con su  dignidad de Reina, fusiona en Su mar de amor.

O si las criaturas adoran, rezan, reparan, sufren, hacen descender desde la altura de Su trono el rayo de Su adoración, el rayo de Su oración, el rayo de Su reparación. El rayo vivificante emana del mar de sus dolores e invierte y rodea la adoración, la oración, la reparación, los sufrimientos de las criaturas y cuando los actos han sido realizados y formados, ese mismo rayo de luz los hace subir a Su trono y se funden en la fuente de Sus mares de adoración, de oración, de reparación, de los dolores de la Madre Celestial. Es Ella quien corre para poner su primer acto en todos los actos de criaturas, los rodea, ayuda, sustituye, embellece y fortalece, cumpliendo su papel de Madre y Reina. Estos actos de sus hijos, fusionados en los Suyos, los mantiene en Su poder ante Dios como defensa, ayuda  y como promesa segura de que sus hijos la alcanzarán en el Cielo.

María ha vivido por nosotros todos sus actos en la Divina Voluntad, para compartirnos de esa vida que Ella ha vivido en la tierra. Sus actos, como los Soles más brillantes, continúan emanando Luz en la tierra como en el Cielo y mantienen abiertas para sus hijos las puertas de la Eternidad. Miremos a María, aprendamos de Ella, vivamos como Ella y, como Luisa, poder decir un día: "Veo una calle larga, hermosa y espaciosa, iluminada por Soles infinitos y brillantes ... ¡Oh, sí! ¡Los conozco! Son los Soles de mis actos hechos en la Divina Voluntad ..

Los actos en el Querer Divino: en el Sacramento del Bautismo y la Eucaristía


"Porque esta es la Voluntad de Dios: su santificación" (1 Tes. 4: 3)


Sí, lo que Dios quiere es nuestra santificación, "en Él nos eligió antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia".  Nuestra peregrinación terrenal es seguir el camino de la Santidad, un camino, como hemos visto, ya trazado por Jesús y María, y que formó a Luisa plenamente, en comunión constante con la Iglesia, Una, Santa, Apostólica.

"La Iglesia, cuyo misterio es expuesto por el concilio sagrado, está a los ojos de la fe indefectiblemente santa. De hecho, Cristo, Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu es proclamado "el único Santo", amó a la Iglesia como su esposa y se entregó a sí mismo para santificarla (Efesios 5: 25-26).

La unió a Él como su cuerpo y la llenó con el don del Espíritu Santo, para la gloria de Dios. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta constantemente y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu produce en los fieles "(LG 39).

El incontenible amor de Dios Padre por sus criaturas garantiza que no se queden sin los medios necesarios para avanzar en el camino de la santificación y que el Hijo quería establecer antes del final de su vida terrenal para no dejarlos huérfanos: los Sacramentos. En cuanto son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se da la vida divina (CCC 1113-1131). Son acciones de Jesús y de la Iglesia (Can. 840). Con los Sacramentos, Jesús viene a continuar su vida en la tierra, no fuera del hombre, sino en su interior, comunicándole Su vida divina, la esencia de la vida y la espiritualidad de Luisa. Son fuerzas que salen del Cuerpo de Cristo, siempre vivas y vivificantes (CCC 1115).



Una de las gracias recibidas cuando uno aprende a vivir en la Divina Voluntad es un mayor aprecio por los Sacramentos de la Iglesia y un vivirlos para traer la vida del Cielo a la tierra. Uno ve la vida humana de una manera nueva, por la gracia de Dios, como "sacramental", un signo visible y tangible del amor de Dios. Jesús mismo se lo reveló a Luisa: vivir en la Divina Voluntad no es nuevo como algunos creen porque todo siempre ha estado en Ella. Si algo se puede llamar nuevo es la forma de vivir, reconociéndola como un acto continuo para elevar al hombre al cielo. Jesús le enseña a Luisa a vivir los siete sacramentos, como Él lo ha deseado y como Él ha vivido a través de ellos, siempre elevando una oración de alabanza y agradecimiento al Padre, pero sobre todo siempre dando un cambio de amor en el nombre de todos.



Bautismo

El Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana, de los que brota la afiliación a la Iglesia, a la vida de fe.



El bautismo es el primero de todos los sacramentos en el que la acción del Espíritu Santo operante viene a restaurar a la humanidad. Jesús lo recibió, no para sí mismo, porque el Espíritu es Suyo, sino para renovar nuestra naturaleza humana en su totalidad y volver a completarla (cf. San Cirilo de Alejandría), para hacer posible nuestro renacimiento en el Reino que fue perdido y para hacer posible que todas las almas sean salvadas y santificadas.



En la oración de las Rondas, Luisa nos hace revivir el momento del Bautismo de Jesús en el Jordán como un momento para pedir el agua bautismal, vivificante y creativa, de Su Divina Voluntad para todas las criaturas, para que venga el principio del Reino del Fiat Supremo.



En el acto de bautismo, Él restaura la inocencia a cada uno de sus hijos, restaura los derechos perdidos sobre la Creación a cada uno de ellos. Su sonrisa de Padre Misericordioso hace volar al enemigo y confía a cada uno de sus hijos a los Ángeles, y todo el Cielo está de fiesta. Pero esa sonrisa Suya se transforma de inmediato en dolor y la fiesta en luto, porque esa persona bautizada será Su enemigo, un nuevo Adán, especialmente si además el mismo ministro bautiza sin la dignidad y la decencia apropiadas para un sacramento que contiene la nueva regeneración.



En su diario, Jesús, resumiendo a Luisa el significado y el propósito de los sacramentos, describe los gemidos del Espíritu Santo en cada uno de ellos, pidiéndole que su vuelo en la Divina Voluntad llegue a todos los sacramentos instituidos por Él, que descienda a las profundidades de ellos para brindarle el pequeño intercambio de amor, un gemido amoroso para acompañar Sus lamentos dolorosos. Al recibir el bautismo en la Voluntad de Dios, a través de Jesucristo, vinculándonos  a ese acto que Él ha hecho por nosotros, ofrecemos a nuestro Divino Padre, no sólo un bautismo perfecto, sino una vida perfecta para cada alma que existe y que existirá. Con Su bautismo, Él ha hecho a los santificados perfectos para siempre. (cf. Heb 10.14)

Con el Bautismo, convirtiéndonos en profetas, reyes y sacerdotes, estamos llamados a ser mediadores junto con Jesús entre Dios y el hombre, a cooperar con Él en la restauración del Reino de la Divina Voluntad. Entonces es apropiado asociar cada una de nuestras acciones a las suyas, comenzando desde nuestro bautismo, para que nuestra vida pueda ser un bautismo continuo, una inmersión en la Divina Voluntad.



La Eucaristía

En el Sacramento de la Eucaristía, en el que Cristo está realmente presente en Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad, con su Acto creador y multiplicador, Jesús ha multiplicado su Cuerpo y su Sangre, preparándose y bebiendo para todos nosotros. También ha hecho propio nuestro acto cuando lo recibimos bajo las especies de pan y vino. En la Sagrada Hostia están todos los actos de Jesús que desea unirse a los nuestros para hacer una nueva alianza, y esto cada vez que lo recibimos lo más dignamente posible en la Divina Voluntad. Jesús le dice a Luisa que cuando se recibió a sí mismo en la Eucaristía, su primer acto fue multiplicar Su Vida en tantas vidas por la cantidad de criaturas que pueda haber en el mundo, para que cada uno tenga Su vida en sí mismo; Vida que continuamente ora, agradece, satisface y ama, sólo por ella. El fruto de este sacramento es formar Su propia vida en cada alma para que cada uno pueda decir «Yo soy otro Cristo».



Al comunicarse, Jesús se recibió a sí mismo en la Voluntad del Padre, y con esto no sólo reparó todo, sino que encontró la inmensidad en la Divina Voluntad, la visión integral de todos y de todo, abrazó todo, comunicó todo, y al ver que muchos no participarían del Sacramento y viendo el Padre ofendido porque no querían recibir la Vida, Él le dio al Padre la satisfacción y la gloria de una vida divina por cada uno de nosotros.  Nosotros también estamos llamados a hacer la Comunión en la Divina Voluntad, repetir lo que Él hizo y no sólo repararemos todo, sino que le daremos a todos a Jesús, como Él mismo se propuso entregarse a todos, y le daremos a Él la gloria como si todos hubieran recibido la comunión. El Corazón de Jesús se conmueve al ver a la criatura, incapaz de darle algo digno de Su Persona, toma Sus cosas, las hace suyas, imita cómo Él las hizo y para agradarle, se las da a Él.



En el Sacramento de la Eucaristía, Jesús también multiplicó sus sufrimientos por cada alma, como si por sólo ella sufriera y no por los demás. En ese momento supremo de recibirse a sí mismo, Jesús se entregó a todos, sufrió su pasión en cada corazón, para poder someter corazones por medio de dolores y de amor, y al darles todo su amor divino, vino a tomar dominio de todos. Pero ¡ ay ! Su amor quedó decepcionado debido a muchos y espera ansiosamente los corazones amorosos que, recibiéndolo, se unen a Él para ser multiplicados en todos, deseando y esperando lo que Él desea. Al menos puede tomar de ellos lo que los demás no le dan y recibir la satisfacción de conformarlos a su deseo y a su voluntad. Por lo tanto, en el acto de recibirlo, hacemos lo que Jesús hizo para darle la satisfacción de que queremos lo mismo.



Y por cada doloroso gemido del Espíritu Santo por aquellos que no administran y no reciben el Sacramento con las debidas disposiciones, le damos nuestro intercambio de amor, con la huella de nuestro continuo "Te amo" en cada hostia, para calmar sus lágrimas y hacer que sus gemidos sean menos dolorosos.



Padre Eterno, hoy te ofrezco todas las virtudes,

Los actos, los afectos del Corazón de tu querido Jesús.




Sunday, 4 November 2018

Novena de Entrega total a Jesús. Autor Padre Dolindo Ruotolo (Capuchino)


No quiero angustiarme, Dios mío, ¡Confío en Ti! 
Habla Jesús al alma:
Día 1 
¿Porqué se confunden preocupándose?
Déjenme el cuidado de todos sus asuntos y todo les saldrá en completa paz. Yo les digo en verdad que todo acto verdadero, ciego y de completa entrega a mí, logra el efecto que ustedes desean y les resuelve todas las situaciones difíciles.
Oración 10 veces ... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 2
Entregarse a mí no quiere decir estar ansiosos, molestos, o perder la esperanza, tampoco significa que me ofrezcan una oración preocupada pidiéndome que Yo les siga y les cambie su preocupación en oración.
El preocuparse, estar nerviosos y desear pensar acerca de las consecuencias de cualquier cosa es en contra de la entrega total, profundamente en contra de ella. 
Es como la confusión que sienten los niños cuando le piden a sus madres que les ayuden en sus necesidades, y luego tratan de solucionarlas por si mismos haciendo que sus esfuerzos infantiles interfieran con la ayuda maternal.
Entregarse quiere decir cerrar placidamente los ojos del alma, alejarse de los pensamientos de tribulación y ponerse bajo mi cuidado.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 3
Cuantas cosas hago Yo, cuando el alma en tanta necesidad espiritual y material se me acerca, me mira y me dice; "Encárgate de esto", luego cierra sus ojos y descansa.
En dolor rezan ustedes para que Yo actúe, pero que actúe de la manera que ustedes quieren. Ustedes no se me acercan con fe, más bien quieren es que Yo me adapte a sus ideas.
Ustedes no son gente enferma que le piden al doctor que les cure, más bien son gente enferma que le dicen al doctor como curarles.
Así que no actúen de esta manera, más bien recen como Yo les enseñé en el Padre Nuestro:
"Santificado sea tu Nombre", eso es, que seas glorificado en mi necesidad.
"Venga a nosotros tu Reino", eso es, que todo lo que está en nosotros y en el mundo esté de acuerdo con tu Reino.
"Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo", eso en, en nuestra necesidad, decide Señor como lo veas conveniente para nuestra vida temporal y eterna.
Si ustedes me dicen verdaderamente:
"Que se haga tu voluntad", lo cual es lo mismo que decirme:
"Encárgate de todo"
Yo intervendré con toda mi omnipotencia, y resolveré las situaciones más difíciles.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 4
¿Ustedes ven que crece la maldad en vez de desvanecerse?
No se preocupen, cierren los ojos y díganme con fe: "Que se haga tu voluntad, Señor, encárgate de todo"
Yo les digo que Yo me encargaré de cualquier cosa, y que intervendré como lo hace un doctor, y haré milagros cuando sean necesitados. 
¿Ustedes ven que la persona enferma se está empeorando? No se preocupen, cierren los ojos y digan: "Señor, encárgate de esto"
Yo les digo que Yo me encargaré de cualquier situación, y que no hay medicina más poderosa que mi amorosa intervención.
Por mi amor, les prometo esto.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 5
Y cuando Yo les debo llevar por un camino diferente al que ustedes ven, Yo les prepararé; les cargaré en mis brazos; y dejaré que ustedes se encuentren al otro lado del río, como los niños que se han dormido en los brazos de sus madres.  
Aquello que les molesta y les hiere inmensamente son su razón, sus pensamientos y preocupación, y también ese deseo de resolver a cualquier costo lo que les aflige.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 6
Ustedes no pueden dormir; pues quieren juzgarlo todo, dirigir todas las cosas y hacerlo todo, por eso se entregan a la fortaleza humana, o peor, - a los mismos hombres, confiando en su intervención, - esto es los que les impide recibir mis palabras y lo que Yo les ofrezco.
Oh, cómo deseo esta verdadera entrega, para ayudarles. Y como sufro cuando veo que están tan agitados.
Satanás trata de hacer exactamente esto: agitarles y removerles de mi protección y tirarles a las garras de la iniciativa humana.
Así que confíen solamente en mí, descansen en mí, entréguense a mí en todas las cosas.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 7
Yo hago milagros en proporción a su entrega total a mí y a la manera en que ustedes no piensen de si mismos.
Yo siembro tesoros de gracias cuando ustedes se encuentran en la más profunda pobreza.
Ninguna persona de razón, o pensador, ha podido alguna vez hacer milagros, ni siquiera  entre los santos. Pero aquel que se entrega a Dios, hace trabajos divinos.
Así que no lo piensen más, porque la mente es aguda y para ustedes es muy difícil ver la maldad y a la vez confiar en mí y olvidarse de si mismos.
Hagan esto para todas sus necesidades, háganlo todos ustedes y verán grandes milagros silenciosos y continuos.
Yo me encargaré de todas las cosas, se los prometo.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 8
Cierren sus ojos y déjense arrastrar por el flujo de la corriente de mi gracia; cierren sus ojos y no piensen del presente, alejen sus pensamientos del futuro como si lo hicieran de la tentación.
Reposen en mí, creyendo en mi bondad, y Yo les prometo por mi amor, que si ustedes dicen "Señor, encárgate de esto", Yo me encargaré de todo; Yo les consolaré, les liberaré y les guiaré.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 9
Recen siempre listos para rendirse ante mí, y ustedes recibirán de esto gran paz y grandes recompensas, aun cuando Yo les confiera la gracia de la inmolación, del arrepentimiento y del amor.
¿Entonces que les va a importar el sufrimiento? ¿Les parece imposible? Cierren los ojos y digan con toda su alma, "Jesús, encárgate de todo"
No tengan miedo, Yo me encargaré de todas las cosas y ustedes bendecirán mi nombre por haberse humillado a si mismos.
Mil oraciones no pueden igualar un solo acto de entrega, recuerden esto muy bien.
No existe novena más efectiva que ésta:
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Madre Santísima, Yo soy tuyo ahora y siempre. A través de ti y contigo, Yo quiero siempre pertenecer completamente a Jesús.

Oración 10 veces ... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!

Tuesday, 16 October 2018

Corazón misericordioso


¡Oh misericordioso Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas!
Te suplico por las agonías de tu sacratísimo Corazón y por los
dolores de tu inmaculada Madre, que laves con tu sangre a todos los pecadores de la tierra que estén ahora en la agonía y tienen que morir hoy. Amén.

Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús 

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre ,
(R: ten piedad de nosotros).
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, (R).
Corazón de Jesús, de majestad infinita, (R ).
Corazón de Jesús, santuario de la divinidad, (R ).
Corazón de Jesús, templo de la Santísima Trinidad, (R ).
Corazón de Jesús, abismo de sabiduría, (R ).
Corazón de Jesús, casa de Dios, puerta del Cielo, (R ).
Corazón de Jesús, silla de la grandeza y de la majestad de Dios, (R ).
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, (R ).
Corazón de Jesús, que reposas entre los lirios, (R ).
Corazón de Jesús, océano de bondad, (R ).
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, (R ).
Corazón de Jesús, trono de misericordia, (R ).
Corazón de Jesús, tesoro que no se agota jamás, (R ).
Corazón de Jesús, magnífico con los que te invocan, (R ).
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos sido enriquecidos(R).
Corazón de Jesús, modelo de todas las virtudes, (R ).
Corazón de Jesús, infinitamente amable e infinitamente bueno, (R ).
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, (R ).
Corazón de Jesús, objeto de las complacencias del Padre celestial,
(R ).
Corazón de Jesús, hostia viviente, Santa y agradable a Dios, (R).
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, (R ).
Corazón de Jesús, lleno de amargura por nuestra causa, (R ).
Corazón de Jesús, triste hasta la muerte en el jardín de los Olivos,
(R ).
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, (R ).
Corazón de Jesús, herido de amor, (R ).
Corazón de Jesús, obediente hasta morir en la cruz, (R ).
Corazón de Jesús, desangrado en la cruz, (R ).
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, (R ).
Corazón de Jesús, transido de dolor por nuestros pecados, (R ).
Corazón de Jesús, nuestra vida y nuestra resurrección, (R)
Corazón de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, (R )..
Corazón de Jesús, ultrajado en el Santísimo Sacramento de tu amor,
(R ).
Corazón de Jesús, refugio de los pecadores, (R ).
Corazón de Jesús, fuerza de los débiles, (R ).
Corazón de Jesús, consuelo de los afligidos, (R ).
Corazón de Jesús, perseverancia de los justos, (R ).
Corazón de Jesús, salud y salvación de los que en Ti esperan, (R).
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren (R).
Corazón de Jesús, dulce apoyo de tus adoradores, (R ).
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, (R )
Corazón de Jesús, vocación de los religiosos y religiosas, (R )..
Corazón de Jesús, nuestra ayuda en las tribulaciones, (R ).,
Corazón de Jesús, protector de las familias que te invocan, (R ).
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
V. Jesús, manso y humilde de corazón,
R. haz nuestro corazón, semejante al tuyo.

Fuente: Grupo de Oración Santo Cura de Ars

Tuesday, 2 October 2018

La santidad de vida

POR LA SANTIDAD DE VIDA
Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero
ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a
demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.
 
Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin:
te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque
eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu
misericordia me consuele y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco
mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir
tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo
quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi
voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.
Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis
inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.
Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mi, para buscar el
bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.
Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con
mis inferiores, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.
Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la
avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros,
paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.
Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad
en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame a conservar la pureza del alma, a ser modesto en mis actitudes,
ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi
conducta.
Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí, tu
vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.
Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza
de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad de la futura.
Amén.


ORACION PARA ALCANZAR LA SANTIDAD
Autor: Cardenal Mercier
Os voy a revelar un Secreto para ser santo y dichoso. Si todos los
días, durante cinco minutos, sabéis hacer callar vuestra imaginación,
cerráis los ojos a las cosas sensibles y los oídos a todos los
rumores de la tierra, para penetrar en vosotros mismos, y allí, en el
santuario de vuestra alma bautizada, que es el templo del Espíritu
Santo, habláis a este Espíritu Divino, diciéndole:
“¡Oh, Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro! Ilumíname, guíame,
fortaléceme, consuélame; dime que debo hacer, dame tus órdenes; te
prometo someterme a todo lo que desees de mí y aceptar todo lo que
permitas que me suceda: hazme tan sólo conocer tu voluntad”.
Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de
consuelo, aun en medio de las penas, porque la gracia será en
proporción a la prueba, dándonos la fuerza de sobrellevarla, y
llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta
sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la Santidad.
amen

ORACIÓN POR LA SANTIDAD
«Aún antes de la fundación del mundo Dios nos había escogido para que fuéramos suyos a través de nuestra unión con Cristo, así podríamos ser santos e inmaculados delante de Él» (Ef 1, 4). Santidad es la característica de Dios. Cualquiera que desee habitar en Él debe ser santo. Es la santa voluntad de Dios que todos seamos santos. (1 Tes 4, 3). Todos los días rezamos «que se haga tu voluntad» y es su voluntad que nosotros seamos santos. Uno que se esfuerza por la perfección cabe esperar que sea perfecto y santo como lo es su Padre Celestial. (Mt 5, 48) . Si uno puede alzar su corazón al Santo Corazón de Jesús, él puede embeber santidad de Él. Nadie puede experimentar a Dios a no ser que esté revestido de santidad. (Mt 5, 8; Heb 12, 14). En todo ser humano hay una sed inherente de experiencia de Dios. (Sal 42, 1-6) Cualquier experiencia solamente es posible cuando se reciben los datos a través de los sentidos. Los sentidos externos tienen sus correspondientes sentidos internos que reciben los datos que son espirituales para tener la experiencia de Dios. Cuando los sentidos están corroídos y manchados por pecados, ellos no pueden recibir tales datos. Por lo tanto uno debe de lavar sus sentidos y su corazón en la preciosa Sangre de Jesús y pedir al Espíritu Santo que los llene con la santidad de Dios. (Heb 9, 14)
ORACIÓN
(Cerrando tus ojos interiores puedes contemplar el Corazón de Jesús, maltratado y herido, y levantando en fe tu mano derecha, puedes sumergirla en la Sangre que mana de él, y señala cada parte de tu cuerpo especialmente el corazón y los sentidos con el signo de la cruz. La Sangre de Cristo está disponible para todos aquellos que creen. (Rom 3, 25). Así como los israelíes marcaron las puertas de sus casas con sangre y se protegieron a sí mismos, tú puedes en fe marcar todo lo que tú quieras con las Sangre de Cristo, tu hogar, tu coche, tu tienda, los libros que lees, los utensilios, etc.)
Oh Jesús crucificado por mis pecados, ahora yo vengo a los pies de la Cruz y contemplando tu sagrado Corazón de donde fluye sangre y agua, humildemente te pido que laves mi corazón y sentidos para que yo pueda experimentar tu amor sin medida, y alcanzar la santidad de vida que Tú tanto deseas. Siento profundamente haberme manchado con diversos pecados en mi vida pasada. Uniendo todas mis pequeñas tristezas y sufrimientos con tus agudísimos sufrimientos en la cruz, yo expío por mis pecados. Oh Jesús, mi dulce Salvador, al rendirme a Ti, te expreso mi gran deseo de llegar a Ti más íntimamente para ver tu cara con mis ojos, oír tu voz a través de mis oídos, oler la dulce fragancia de tu divinidad y probar tu precioso amor y por tanto tener una experiencia personal completa de tu presencia. Oh Señor, déjame tocar tus santas heridas con mis manos (hacerlo) marcando y ungiendo cada parte de mi mismo para que pueda ser plenamente protegido de todo mal y de todo daño. Oh Espíritu Santo, ven a mí y habita en mí con la presencia de Jesús y del Padre para que pueda ser santo y sin mancha con todos los santos en el cielo. Amén
(Repetidamente puedes decir «Espíritu Santo, Señor, santifícame» y alabar y agradecer al Señor por un tiempo considerablemente largo, experimentando la presencia de Jesús dentro de ti. Si lo haces seriamente, con seguridad te sentirás sumergido en la santidad de Dios).
Puedes leer los siguientes pasajes bíblicos:
Sal 51, 1-19; Mat 5, 1-48; Ef 4, 1-32; Col 2, 1-23

Tuesday, 25 September 2018

El angelus

                         


                                EL ANGELUS


V/. El ángel del Señor anunció a María,
R/. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

V/. He aquí la esclava del Señor.
R/. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...

V/. Y el Verbo se hizo carne.
R/. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...


V/. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que, los que hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguemos por los méritos de su Pasión y su Cruz, a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 (tres veces)
Se acostumbra agregar una intención por los difuntos al terminar el rezo del Angelus:

V/. A todos los fieles difuntos
dales, Señor, el descanso eterno.
R/. Y brille sobre ellos la luz eterna.

V/. Descansen en paz.
R/. Amén.

La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por el Espíritu Santo

  La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por  el Espíritu Santo Pentecostés es una festividad movible, es decir que está relacio...