De hecho, la Voluntad Divina no es un carisma para nosotras, sino un modo de vida. No sólo cada hermana está obligada a leer todos los días, por lo menos una hora de los treinta y seis volúmenes de los escritos diarios de Luisa, sino que todas hacemos todo lo posible por vivir en la Santísima y Divina Voluntad de Dios según las propias enseñanzas de Nuestro Mismo Señor. Si estamos orando, le pedimos a Jesús que venga a orar en nosotras. Si estamos trabajando, Él está trabajando en nosotras. Si estamos ministrando al pueblo, Jesús lo está haciendo en nosotras. A lo largo de nuestro sencillo día, tratamos de unirnos con el Señor lo mejor que podemos y darle todo el honor y la gloria que Él merece. Es una forma de orar siempre, en cada respiro, latido del corazón, pensamiento, palabra y obra -como Adán y Eva antes de la Caída y Nuestra Santísima Madre a lo largo de cada segundo de Su vida. Cuanto más muramos a nosotras mismas, más nos volvamos nada, más dejemos que Jesús tome el control y haga todo en nosotras... más crecerá nuestra paz, nuestra alegría y nuestro amor. Nos ha sido dada la perla de gran valor a cambio de nada más que nuestra propia, humana voluntad.
En los corazones de todo
Como nuestro querido y glorioso San José nos muestra en Nazaret, el secreto de todo está entre los Sagrados e Inmaculados Corazones de Jesús y María. Al igual que la Sagrada Familia, creemos que vivir juntas en el amor y humildemente hacer las "pequeñas cosas" que el Señor nos pide cada día, es el camino más seguro para glorificar a nuestro Padre Eterno. Puesto que Dios parece preferir a los pequeños, a los débiles, a los insignificantes, a los pequeñitos... eso es lo que las Hijas Benedictinas de la Divina Voluntad se esfuerzan por ser y lo que esperamos siempre permanecer.
En los corazones de todo
Como nuestro querido y glorioso San José nos muestra en Nazaret, el secreto de todo está entre los Sagrados e Inmaculados Corazones de Jesús y María. Al igual que la Sagrada Familia, creemos que vivir juntas en el amor y humildemente hacer las "pequeñas cosas" que el Señor nos pide cada día, es el camino más seguro para glorificar a nuestro Padre Eterno. Puesto que Dios parece preferir a los pequeños, a los débiles, a los insignificantes, a los pequeñitos... eso es lo que las Hijas Benedictinas de la Divina Voluntad se esfuerzan por ser y lo que esperamos siempre permanecer.
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