Thursday, 29 November 2018

Hechos en la Divina Voluntad: Fiat Creando-Redentor-Santificador

Hechos en la Divina Voluntad: Fiat Creando-Redentor-Santificador
"En verdad les digo: El que crea en mí hará las mismas obras que yo hago, y como ahora voy al Padre, las hará aún mayores" (Jn 14,12).

Luisa escribe que todo está en la Divina Voluntad, la cual quiere operar en todo. Para crecer en Ella, debemos llamarla en todo lo que hagamos, tanto en lo natural como lo espiritual, de manera que extienda su Vida en todo, en cada uno de nuestros actos más pequeños. La Voluntad Divina, a las almas que la invocan, da Su Amor para ser amada, Su santidad para santificarlos, Su luz para eclipsar sus pasiones, sin disminuir de ninguna manera, su voluntad humana.

Cada cosa creada (Fiat Creador), cada acto de la Humanidad de Jesús (Fiat Redentor), cada acto del Espíritu Santificador (Fiat Santificador), tiene un valor y efectos infinitos para el bien de todos, porque están animados por la Divina Voluntad, por la Naturaleza Divina de Dios. La vida divina, a la cual estamos llamados, consiste en profundizar cada vez más en la experiencia de vida, interior, religiosa y moral, de Jesucristo, convertirnos en lo que el Padre tenía en mente al crearnos, fieles a nuestro verdadero ser, hechos a imagen y semejanza de Dios.

Es por esto que se necesita tanta constancia y alimento divino, extraído de todo lo que lo contiene, para alcanzar un nivel superior y unirnos con la Voluntad Divina. Fusionarse en la Divina Voluntad y convertirse en lo que Ella contiene, significa precisamente reconocer este alimento divino a través canales de amor, gracias y comunicación entre las cosas creadas, tomarlo y alimentar la semilla de la Vida Divina que Dios ha colocado en nosotros, hacerla crecer y crecer y traerle a todos, para agradecer y amar a Dios por todos. La vida divina crece en el alma, con tanta energía que puede compararse con ese niño que, creciendo en buen aire y con alimentos saludables, siempre crece bien, con buena salud, hasta que alcanza una altura razonable, sin necesidad de médicos ni de medicinas, de cierto tan fuertes y fuertes que incluso levanta y ayuda a los demás.

Al orar las Rondas, el alma realiza un peregrinaje piadoso por todo el Universo, entra en contacto con las cualidades divinas difundidas en la creación y con actos de amor, alabanza, acción de gracias, bendición y reparación, aprende a vivir en el Reino de la Divina Voluntad e impetrar su venida sobre la tierra.

Partiendo de la Creación y uniéndose con ella, el alma penetra con sus actos en la vida del Fiat Supremo que sostiene y dio origen al mundo y pronunciando su Fiat en el Fiat Creador le da a la creación el intercambio de amor por todas las cosas creadas, les da voz e imprime un te amo por cada estrella en el cielo, por cada gota de agua contenida en el mar, por cada brizna de hierba que crece en la tierra.

En estos giros que el alma hace en la Divina Voluntad, nada hay de interés personal, sino que todo es sólo para la gloria de Dios. Aquí se encuentra todo Su poder creador, como en el acto de poner en la gran máquina del Universo, canales infinitos de gracias y de amor especial entre la Suprema Majestad y la criatura. Son poderosos y santos estos actos universales y se multiplican hasta el infinito a través de la savia que circula por todo el Universo porque en cuanto una cosa creada es alcanzada, como todo es parte de la misma Cabeza, entonces todas las demás cosas son alcanzadas. El poder creador y preservador de la Divina Voluntad se está llevando a cabo una vez más. Es como si estuviéramos presenciando una nueva creación. Y es el mismo Jesús quien afirma esto cuando le dice a Luisa que los actos en la Divina Voluntad pueden crear cosas más hermosas que las que ya se han hecho, mundos más hermosos que los que ya han sido hechos, mundos de todos los mundos.

En esta fusión en la Voluntad Divina, el alma, volviendo a la creación, puede hacer aún más y alcanzar el punto en el que Adán separó su voluntad de la Divina y, extinguiendo su voluntad en la Divina, reparar el acto de orgullo de Adán y así restaurar toda la gloria a la Voluntad Suprema, como si Adán nunca se hubiera separado de Ella, como si la Voluntad Divina jamás hubiese sido ofendida.

Después de la Creación, el alma pasa a la Redención con nuevos actos que acompañan a Jesús en su vida en la tierra, para participar en los actos que Jesús ha vuelto a realizar por cada criatura. Y Jesús siempre le dice a Luisa que, como la Majestad Suprema manifestó tanto amor a la humanidad en todas las cosas creadas por su Fiat Todo-Poderoso, fue justo que su Hijo Divino, en su propio Fiat, en el que trabajó la Redención, re-hiciera tantos actos para compensar por tanto amor. Su primera tarea, cuando vino a la tierra, fue formar muchos actos en el Fiat Eterno por cada acto hecho por El Padre Celestial en la Creación y entrelazar a los dos Fiat, para hacer que otro Fiat humano y divino surgiera de la tierra para mutuamente besarse, entretejerse y reemplazar el intercambio de amor por todas las criaturas. Ahora esta tarea pasa directamente a las criaturas, de las cuales Luisa es la primera, para formar muchos actos en el Fiat Santificador, entretejiéndolos con los de la Creación y la Redención.

El Fiat Creador que dispersó tanto amor en el Universo tuvo su compañía dulce y armoniosa con Fiat Redentor, pero ahora, este Fiat no quiere quedarse en un par, quiere un tercero, quiere el tercer Fiat, donde el Espíritu Santo es el protagonista que regresa a los bautizados la semejanza divina. Si en Fiat Creador nuestros actos están en comunicación con el poder creativo del Padre y en Fiat Redentor claman nuestro perdón junto con las heridas de Jesús, en el Fiat Santificador restauran al Padre toda la Gloria que Le es debida. Estos son actos solemnes que ponen el cielo y la tierra en movimiento. Con ellos entramos en la esfera de las Santísima Trinidad. Se relacionan con el acto único y continuo de Dios, ayudan a los pecadores, liberan a las almas del purgatorio. Tienen un efecto universal, pero sólo Jesús, en Su Divina Voluntad, sabe cómo dirigirlos. Con la creación de la criatura en la Divina Voluntad, la Divina Majestad sentirá en ella el eco de Su Voluntad, la fuerza generadora que siempre genera amor y gloria y la continua repetición de Su propia Vida, de Sus propios actos... donde reina el Fiat, que continuamente genera sin fin, dando vida a nuevas y grandes obras que servirán como el adorno más hermoso de la Divina Patria Celestial.



Vida mia, entro en Tu Querer Divino

para poder expandirme en todo y en todos.

Quiero sellar todo con Tu Querer,

para que así puedas recibir de todos

la gloria de Tu Poder,

de Tu Amor,

de Tu Santidad.

Saturday, 24 November 2018

TEXTO DE "HIJAS BENEDICTINAS DE LA DIVINA VOLUNTAD"

De hecho, la Voluntad Divina no es un carisma para nosotras, sino un modo de vida. No sólo cada hermana está obligada a leer todos los días, por lo menos una hora de los treinta y seis volúmenes de los escritos diarios de Luisa, sino que todas hacemos todo lo posible por vivir en la Santísima y Divina Voluntad de Dios según las propias enseñanzas de Nuestro Mismo Señor. Si estamos orando, le pedimos a Jesús que venga a orar en nosotras. Si estamos trabajando, Él está trabajando en nosotras. Si estamos ministrando al pueblo, Jesús lo está haciendo en nosotras. A lo largo de nuestro sencillo día, tratamos de unirnos con el Señor lo mejor que podemos y darle todo el honor y la gloria que Él merece. Es una forma de orar siempre, en cada respiro, latido del corazón, pensamiento, palabra y obra -como Adán y Eva antes de la Caída y Nuestra Santísima Madre a lo largo de cada segundo de Su vida. Cuanto más muramos a nosotras mismas, más nos volvamos nada, más dejemos que Jesús tome el control y haga todo en nosotras... más crecerá nuestra paz, nuestra alegría y nuestro amor. Nos ha sido dada la perla de gran valor a cambio de nada más que nuestra propia, humana voluntad.

En los corazones de todo

Como nuestro querido y glorioso San José nos muestra en Nazaret, el secreto de todo está entre los Sagrados e Inmaculados Corazones de Jesús y María. Al igual que la Sagrada Familia, creemos que vivir juntas en el amor y humildemente hacer las "pequeñas cosas" que el Señor nos pide cada día, es el camino más seguro para glorificar a nuestro Padre Eterno. Puesto que Dios parece preferir a los pequeños, a los débiles, a los insignificantes, a los pequeñitos... eso es lo que las Hijas Benedictinas de la Divina Voluntad se esfuerzan por ser y lo que esperamos siempre permanecer.

Wednesday, 21 November 2018

Actos en el Querer Divino: Unión con Jesús





"Un alma unida a Dios, transforma sus acciones más mundanas en acciones divinas y en alabanza y gloria a Dios" (Beata Isabel de la Trinidad)
Lo que hace arder más el corazón de Jesús es ver a las criaturas hacer su mayor esfuerzo por Él, por vivir con Él, por unirse con Él. Él mismo las llama a conocerlo y a conocer el centro de Su corazón: la Voluntad Divina, que dio origen a todas las cosas creadas y que está presente en la misma criatura, simplemente está cubierta, eclipsada por la voluntad humana.

Y de este conocimiento surge la unión con Él, el deseo (de la criatura) de un vínculo cada vez más sólido, y que se forma a través de la realización de actos cada vez más grandes e íntimos, inmersos en la Divina Voluntad, "saturados" de la Divina Voluntad hasta la posesión completa del  Divino Querer, el primer propósito de la Creación y de la Redención.

No olvidemos que el punto fijo de toda la obra de Jesús con la criatura aparece en el título del Diario de Luisa: "El Reino de mi Divina Voluntad en medio de las criaturas, la criatura en orden, en su lugar y en el propósito para el cual fue creada por Dios ".

Jesús como verdadero maestro emprende, (a través de Luisa), un trabajo formativo gradual y constante con la criatura, enseñándola e invitándola a hacer un "ejercicio" continuo de invocación a la ayuda divina, a "hacer" todo juntos. Al llamar a la Divina Voluntad como el “acto previo” al comienzo de cada día, la criatura La convierte en La protagonista del ilimitado número da actos que realiza cotidianamente.

El acto debe ser respaldado por la intención y la acción, de tal forma que uno comience a vivir la vida en el Divino Querer como un “acto real” . El acto previo es cuando el alma, desde el amanecer, fija su voluntad en la de Jesús y decide y confirma que quiere vivir y trabajar sólo en Su Voluntad.  La Divina Voluntad precede todos sus actos y hace que todos fluyan en el Querer Divino. Con la voluntad previa, el Sol de la Voluntad Divina se eleva y la vida de Jesús permanece duplicada en todos los actos de la criatura. Sin embargo, el acto previo puede ser ensombrecido, oscurecido por las formas humanas, por su propia voluntad, pero el acto real  tiene la virtud de elevar tantos otros soles, en los que permanece duplicada la vida de Jesús,  con tal intensidad de luz y calor, como para formar tantos nuevos soles, uno más hermoso que el otro. Pero ambos actos son necesarios. El acto previo  da la mano, organiza y forma el plan para el acto real. El acto real  conserva y amplía el plan del previo.

Cada acto debe ser un encuentro con Él, el Amado y así  Él pueda quedar satisfecho con dicho acto  y lo transforme en un acto divino, porque todo debe hacerse con Él, para Él y en Él. Sólo a través de Él nuestros actos se convierten en divinos. A través de la unión de nuestros actos con Jesús, podemos sentir un nuevo poder, una fuerza divina que ya no es fuerza humana. Y cómo sorprende a  la misma criatura  ver que  sus actos, sus acciones más pequeñas e insignificantes, quedan transformadas en cosas muy grandes.

Es la misma Luisa quien  pregunta a Jesús cómo es posible que con sólo tener la intención de unir los actos a Jesús para complacerlo sólo a Él, aún aquéllos considerados como vacíos, Él los llene y los eleve a un grado supremo, haciéndolos parecer como cosas grandes.

La vida humana es un movimiento continuo de actos y acciones, tanto externas como internas. Aunque la obra de la criatura es vacía y  aún cuando ésta fuese considerada una gran obra, sólo  la unión con Jesús, la simple intención de agradarlo sólo a Él, es lo que hace que ese vacío sea llenado. Y como Su obrar, incluso un respiro, excede de manera infinita a las obras de todas las criaturas juntas,  es la causa que origina que cada obra de la criatura sea tan grande, que le da valor a sus actos.

En cada acto hecho en unión con Jesús hay un valor espiritual que va más allá de la acción visible, especialmente para aquellos que entran en comunión con Su humanidad.

El siguiente paso es compartir momentos de la vida terrena de Jesús y de María,

haciendo esos momentos nuestros. Su Fiat fue el comienzo de una vida que cambiaría el destino de las criaturas. Su obra estaba a merced de la Voluntad Divina.

Y, nuevamente Jesús le explica a Luisa que aquellos que usan Su humanidad como un medio para llevar a cabo sus acciones se nutren con los frutos de Su propia humanidad y se alimentan con Su propia comida. Además, ¿no es la buena intención la que hace al hombre santo y la mala intención la que lo hace perverso? No siempre hacen cosas diferentes, pero con las mismas acciones uno se puede santificar y otro se puede pervertir.

El alma que usa la humanidad de Cristo, como un medio para obrar, sea en  un pensamiento, un suspiro o en un acto ordinario, hace que dichas acciones sean  como muchas gemas que salen de Su humanidad y se presentan ante la Divinidad; y dado que salen a través de la humanidad de Jesús, tienen los mismos efectos de Su actuar como cuando estuvo en la tierra.

Nuestra herencia está en la humanidad de Cristo. En Su humanidad, Jesús obró con Su naturaleza Divina, rehaciendo "para todos en general y para cada uno en particular" todo lo que todos deberían haber hecho por Dios, con la mirada puesta en todos los actos de las criaturas, los posibles actos por hacer y por evitar y las mismas buenas obras mal hechas. En Su acción redentora, estaba rastreando todos los actos de las criaturas para hacerlas suyas y para dar al Padre, de parte de las criaturas, una gloria divina, adorando, sufriendo, orando, agradeciendo, reparando para todos, dándole a los mismos actos de las criaturas el valor, el amor y el beso de la eterna Voluntad.

Por lo tanto, la unión de los actos y de las obras humanas con las de Jesús es una garantía de salvación. Es una garantía para cosechar, como en un campo trabajado en conjunto, los frutos del Reino. Jesús le pregunta a Luisa si es posible que quién trabaja en Su campo, unido a Él, pueda cosechar en  tierra completamente ajena a Él. No, ciertamente. Así que, aquél  que una su  trabajo con Él, es como si estuviera trabajando en Su tierra, y por lo tanto cosechará en Su Reino.

El alma en sí misma, mientras es peregrina, no puede comprender todo lo bueno y el amor que pasa entre el Creador y la criatura, que sólo si en su obrar, en el hablar, sufrir, pensar, en cada latido de su corazón y en todo su movimiento está unida a la vida de Jesús, podrá disponer del bien para todo.

Es tanta la unión y tan estrecha entre los dos, que el Creador es el órgano y la criatura el sonido; el Creador el sol, la criatura los rayos; el creador la flor, la criatura el aroma. ¿Pueden uno ser sin el otro? No, en absoluto.

Todos los actos de la criatura, hechos o por hacerse, renovados por la redención de Jesús, son como "suspendidos" en la Divina Voluntad y esperan que el hombre los realice en su vida como sus propios actos. Así el “Fiat creativo" y el "Fiat redimido" alcanzan su plenitud en el "Fiat" que Jesús espera decir con nosotros y en nosotros.

Entonces, ¿cómo podemos rehacer nuestra vida desde el nacimiento, como si siempre la hubiéramos vivido en la Divina Voluntad?

Con un acto de nuestra voluntad. Es decir, tener libremente la intención de rehacer cada momento y acto de nuestra existencia, desde nuestro nacimiento hasta el último suspiro, en la Divina Voluntad y a través de la humanidad de Jesús. Uniendo nuestra pequeña humanidad recién concebida con la pequeña humanidad recién concebida de Jesús

Tomar vida en la Voluntad de Dios Padre, como Jesús tomó la suya y uniendo todos nuestros lamentos a Sus lamentos, cada respiración nuestra a la Suya y cada pensamiento nuestro al Suyo. Esa misma vida que Jesús vivió para cada uno de nosotros, de la forma como  le hubiera gustado a Él que lo hubiéramos vivido, hacerla nuestra, repetirla, hecho por hecho sin dejar escapar a ninguno de aquellos para quienes Él vivió. Todo para la alabanza y la gloria de Dios nuestro Padre.



El alma en mi Voluntad se simplifica y

 junto conmigo, se multiplica en todos,

 haciendo el bien  para todos.



FIAT!

Hechos en la Divina Voluntad: como María


Una acción pura, hecha únicamente para Dios, forma en el corazón puro un reino donde el Señor es el maestro absoluto" (San Juan de la Cruz)
      

María, nuestra Madre celestial, es esa criatura en cuyo corazón Dios ha habitado y la Divina Voluntad ha reinado, ha operado sin obstáculos. Ella, inseparable, se fusionó con Jesús precisamente porque ella totalmente entregó su vida a la Divina Voluntad. A pesar de tener una voluntad humana, María vivió cada uno de sus actos, por pequeño que fuera, en el orden de la Divina Voluntad porque fue un suspiro suyo el que hizo que la Palabra descendiera sobre la tierra. Después de todo, las Personas Divinas no crearon a María para mantenerla alejada. Querían disfrutarla como una hija, querían escuchar cómo sus palabras animadas por el Fiat tenían el poder de poner paz entre Dios y las criaturas. Las Divinas Personas disfrutaban ser ganados por Su pequeña hija y escucharse a sí mismos en Ella repetir: "Descienda, descienda la Palabra sobre la tierra".

Dios, por lo tanto, la utilizó a Ella admirablemente para llevar a cabo sus designios y para renovar nuevamente las dos voluntades, la humana y la divina, separadas por el orgullo del hombre, por el pecado que "vació" al hombre de la Divina Voluntad.

¿Pero cómo, dónde podría descender la Palabra? ¿Quién iba a ser Aquella, la que debía prestar su carne a su Creador? Esta es la razón por la que una criatura fue elegida y, en virtud de los méritos aticipados del futuro Redentor, fue exenta de la culpa del pecado original. Su voluntad y la Divina Voluntad fueron una sola. Ella comprendió todo el dolor que reinaba en las Santísima Trinidad por haber roto el hombre su unión con la Divina Voluntad, quedándose estancado es sus propios planes, impidiendo que todos los bienes, que todas las gracias que la Santísima Trinidad deseaba para el hombre, para enriquecerle, con Su mismo amor y atributos,  le fueran comunicados. Con su voluntad humana, en cambio, quedó privado de belleza y santidad, quedando sus actos vacíos de valor divino. Y, por lo tanto, Ella, afligida por la gran miseria del hombre, temerosa, no quiso conceder ni un sólo acto de vida a su propia voluntad. Se mantuvo pequeña, de manera que su voluntad no tuviese vida en ella, pero creció hermosa, santa, llena de gracia, porque la Divina Voluntad trabajó en Ella y Ella correspondía en todos sus actos a la Suprema Voluntad.

Y no sólo estaba Ella en orden con la Divina Voluntad, sino que todos los actos de las criaturas los hizo Suyos. Al absorber totalmente dentro de sí a la Divina Voluntad, rechazada en esos actos, la reparó, la amó y, manteniéndola como un depósito en su Corazón virginal, preparó el alimento de la Divina Voluntad para todas las criaturas.

Ella colaboró, cooperó en la Redención para obtener la salvación de toda la humanidad y continúa cooperando con la Iglesia en la obra de la salvación (cf. LG 63) por haber abrazado la voluntad salvadora de Dios, con una participación única e irrepetible (cf. Juan Pablo II).

Ahora, como lo fue María para la Redención, lo mismo deber suceder a través de Luisa para la obra del Fiat Voluntas Tua: la voluntad humana no debe tener vida en ella y, al hacer suyos todos los actos de la Divina Voluntad en cada criatura, tendrá que colocarlos en Jesús y al corresponderle en nombre de todos a la Divina Voluntad, se formará en ella todo el alimento necesario para nutrir a todas las generaciones con la comida de la Divina Voluntad.

Con Luisa, todos estamos llamados a colaborar con Dios en la realización de Su plan, que la Voluntad Suprema descienda y venga a reinar en la tierra, invistiendo todas las generaciones, ganando y conquistando todo.

Por lo tanto, Dios solicita nuestra participación, nuestro Fiat, el cual haga referencia y se asocie al Fiat de María, apoyado por nuestro compromiso, por los muchos e innumerables actos que componen nuestras vidas, no sólo son para esta y una sóla vida ya que las obras de Dios siempre tienen una resonancia universal. Es así que, la Divina Voluntad no descenderá entre nosotros sin nuestra cooperación.

María, ha abrazado los actos de todas las generaciones necesarios para obtener tan anhelado Redentor. Sus actos de virtud, de amor, Sus oraciones, deseos y suspiros de fuego fueron tales y tantos como para superar y corresponder todo el amor y las virtudes con que fue enriquecida por la Suprema Majestad. Y Jesús, encontrando en Ella todo el amor de todas las criaturas y todos los actos necesarios para ameritar que la Palabra fuese concebida, restauró toda la gloria divina y todos los actos de los redimidos, e incluso de aquellos a quienes la Redención debía servir para su condenación por su ingratitud, y entonces, como última muestra de Su amor, fue concebido. Al abrazar todos los actos de todas las generaciones, sustituyendo a todos, sucedió como si todos hubiesen sido dados a luz una nueva vida desde Sus entrañas maternas, por lo tanto, para Ella, el derecho de ser considerada Madre, es innato, es sagrado.

Luisa, al dejar que el Querer Divino reinase en todos sus actos, al abarcar todas las generaciones y recibiendo todos los actos del Supermo Querer rechazados por las creaturas, abrió de nuevo el cielo de manera que descienda nuevamente entre Sus hijos. Ahora, dentro de nuestras posibilidades, nos toca como primera generación llamada a conocer y dar a concoer esta Santidaad, la tarea de hacer venir el Reino a la tierra, no rechazando los actos del Querer Supermo y abarcando los actos de todos. Las generaciones no pasarán hasta que el Querer Divino haya triunfado.

Como Luisa, pidámosle a nuestra Madre que esconda nuestros pequeños actos de amor, de adoración a Dios, de acción de gracias, nuestros suspiros, nuestras súplicas, nuestras lágrimas, nuestros dolores, en el inmenso mar de Su amor, en Su adoración, en Sus suspiros,  en Sus súplicas, de modo que seamos un mismo amor, una misma adoración. Servirnos de toda Ella, de Su mismo mar de amor y gracias para ganar a la Suprema Majestad y lograr que venga Su reino a la tierra.

En sus lecciones para Luisa, nuestra Madre Celestial nos ofrece toda Su ayuda como soporte de  nuestros actos, de manera que estos puedan lograr la satisfacción y la sonrisa Divina, ya que Ella, como Reina, tiene primacía sobre todos los buenos actos de las criaturas.

María, como Reina, tiene el mandato y el derecho de absorver todos los actos de las criaturas en Sus actos. Es tanto su amor de Reina y Madre que a medida que las criaturas se disponen ha hacer algún acto de amor, Ella, desde lo alto de Su trono, deja caer un rayo de Su amor e invierte y rodea el acto de amor de la creatura para poner primero Su amor y hacerlo resurgir en Su mismo rayo, de la fuente de su amor, de manera que la Suprema Majestad encuentre amor, que siempre ascienda a su  Divinidad, el el amor de las creaturas, de sus hijos, fundido en el de Ella, que con su  dignidad de Reina, fusiona en Su mar de amor.

O si las criaturas adoran, rezan, reparan, sufren, hacen descender desde la altura de Su trono el rayo de Su adoración, el rayo de Su oración, el rayo de Su reparación. El rayo vivificante emana del mar de sus dolores e invierte y rodea la adoración, la oración, la reparación, los sufrimientos de las criaturas y cuando los actos han sido realizados y formados, ese mismo rayo de luz los hace subir a Su trono y se funden en la fuente de Sus mares de adoración, de oración, de reparación, de los dolores de la Madre Celestial. Es Ella quien corre para poner su primer acto en todos los actos de criaturas, los rodea, ayuda, sustituye, embellece y fortalece, cumpliendo su papel de Madre y Reina. Estos actos de sus hijos, fusionados en los Suyos, los mantiene en Su poder ante Dios como defensa, ayuda  y como promesa segura de que sus hijos la alcanzarán en el Cielo.

María ha vivido por nosotros todos sus actos en la Divina Voluntad, para compartirnos de esa vida que Ella ha vivido en la tierra. Sus actos, como los Soles más brillantes, continúan emanando Luz en la tierra como en el Cielo y mantienen abiertas para sus hijos las puertas de la Eternidad. Miremos a María, aprendamos de Ella, vivamos como Ella y, como Luisa, poder decir un día: "Veo una calle larga, hermosa y espaciosa, iluminada por Soles infinitos y brillantes ... ¡Oh, sí! ¡Los conozco! Son los Soles de mis actos hechos en la Divina Voluntad ..

Los actos en el Querer Divino: en el Sacramento del Bautismo y la Eucaristía


"Porque esta es la Voluntad de Dios: su santificación" (1 Tes. 4: 3)


Sí, lo que Dios quiere es nuestra santificación, "en Él nos eligió antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia".  Nuestra peregrinación terrenal es seguir el camino de la Santidad, un camino, como hemos visto, ya trazado por Jesús y María, y que formó a Luisa plenamente, en comunión constante con la Iglesia, Una, Santa, Apostólica.

"La Iglesia, cuyo misterio es expuesto por el concilio sagrado, está a los ojos de la fe indefectiblemente santa. De hecho, Cristo, Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu es proclamado "el único Santo", amó a la Iglesia como su esposa y se entregó a sí mismo para santificarla (Efesios 5: 25-26).

La unió a Él como su cuerpo y la llenó con el don del Espíritu Santo, para la gloria de Dios. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta constantemente y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu produce en los fieles "(LG 39).

El incontenible amor de Dios Padre por sus criaturas garantiza que no se queden sin los medios necesarios para avanzar en el camino de la santificación y que el Hijo quería establecer antes del final de su vida terrenal para no dejarlos huérfanos: los Sacramentos. En cuanto son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se da la vida divina (CCC 1113-1131). Son acciones de Jesús y de la Iglesia (Can. 840). Con los Sacramentos, Jesús viene a continuar su vida en la tierra, no fuera del hombre, sino en su interior, comunicándole Su vida divina, la esencia de la vida y la espiritualidad de Luisa. Son fuerzas que salen del Cuerpo de Cristo, siempre vivas y vivificantes (CCC 1115).



Una de las gracias recibidas cuando uno aprende a vivir en la Divina Voluntad es un mayor aprecio por los Sacramentos de la Iglesia y un vivirlos para traer la vida del Cielo a la tierra. Uno ve la vida humana de una manera nueva, por la gracia de Dios, como "sacramental", un signo visible y tangible del amor de Dios. Jesús mismo se lo reveló a Luisa: vivir en la Divina Voluntad no es nuevo como algunos creen porque todo siempre ha estado en Ella. Si algo se puede llamar nuevo es la forma de vivir, reconociéndola como un acto continuo para elevar al hombre al cielo. Jesús le enseña a Luisa a vivir los siete sacramentos, como Él lo ha deseado y como Él ha vivido a través de ellos, siempre elevando una oración de alabanza y agradecimiento al Padre, pero sobre todo siempre dando un cambio de amor en el nombre de todos.



Bautismo

El Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana, de los que brota la afiliación a la Iglesia, a la vida de fe.



El bautismo es el primero de todos los sacramentos en el que la acción del Espíritu Santo operante viene a restaurar a la humanidad. Jesús lo recibió, no para sí mismo, porque el Espíritu es Suyo, sino para renovar nuestra naturaleza humana en su totalidad y volver a completarla (cf. San Cirilo de Alejandría), para hacer posible nuestro renacimiento en el Reino que fue perdido y para hacer posible que todas las almas sean salvadas y santificadas.



En la oración de las Rondas, Luisa nos hace revivir el momento del Bautismo de Jesús en el Jordán como un momento para pedir el agua bautismal, vivificante y creativa, de Su Divina Voluntad para todas las criaturas, para que venga el principio del Reino del Fiat Supremo.



En el acto de bautismo, Él restaura la inocencia a cada uno de sus hijos, restaura los derechos perdidos sobre la Creación a cada uno de ellos. Su sonrisa de Padre Misericordioso hace volar al enemigo y confía a cada uno de sus hijos a los Ángeles, y todo el Cielo está de fiesta. Pero esa sonrisa Suya se transforma de inmediato en dolor y la fiesta en luto, porque esa persona bautizada será Su enemigo, un nuevo Adán, especialmente si además el mismo ministro bautiza sin la dignidad y la decencia apropiadas para un sacramento que contiene la nueva regeneración.



En su diario, Jesús, resumiendo a Luisa el significado y el propósito de los sacramentos, describe los gemidos del Espíritu Santo en cada uno de ellos, pidiéndole que su vuelo en la Divina Voluntad llegue a todos los sacramentos instituidos por Él, que descienda a las profundidades de ellos para brindarle el pequeño intercambio de amor, un gemido amoroso para acompañar Sus lamentos dolorosos. Al recibir el bautismo en la Voluntad de Dios, a través de Jesucristo, vinculándonos  a ese acto que Él ha hecho por nosotros, ofrecemos a nuestro Divino Padre, no sólo un bautismo perfecto, sino una vida perfecta para cada alma que existe y que existirá. Con Su bautismo, Él ha hecho a los santificados perfectos para siempre. (cf. Heb 10.14)

Con el Bautismo, convirtiéndonos en profetas, reyes y sacerdotes, estamos llamados a ser mediadores junto con Jesús entre Dios y el hombre, a cooperar con Él en la restauración del Reino de la Divina Voluntad. Entonces es apropiado asociar cada una de nuestras acciones a las suyas, comenzando desde nuestro bautismo, para que nuestra vida pueda ser un bautismo continuo, una inmersión en la Divina Voluntad.



La Eucaristía

En el Sacramento de la Eucaristía, en el que Cristo está realmente presente en Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad, con su Acto creador y multiplicador, Jesús ha multiplicado su Cuerpo y su Sangre, preparándose y bebiendo para todos nosotros. También ha hecho propio nuestro acto cuando lo recibimos bajo las especies de pan y vino. En la Sagrada Hostia están todos los actos de Jesús que desea unirse a los nuestros para hacer una nueva alianza, y esto cada vez que lo recibimos lo más dignamente posible en la Divina Voluntad. Jesús le dice a Luisa que cuando se recibió a sí mismo en la Eucaristía, su primer acto fue multiplicar Su Vida en tantas vidas por la cantidad de criaturas que pueda haber en el mundo, para que cada uno tenga Su vida en sí mismo; Vida que continuamente ora, agradece, satisface y ama, sólo por ella. El fruto de este sacramento es formar Su propia vida en cada alma para que cada uno pueda decir «Yo soy otro Cristo».



Al comunicarse, Jesús se recibió a sí mismo en la Voluntad del Padre, y con esto no sólo reparó todo, sino que encontró la inmensidad en la Divina Voluntad, la visión integral de todos y de todo, abrazó todo, comunicó todo, y al ver que muchos no participarían del Sacramento y viendo el Padre ofendido porque no querían recibir la Vida, Él le dio al Padre la satisfacción y la gloria de una vida divina por cada uno de nosotros.  Nosotros también estamos llamados a hacer la Comunión en la Divina Voluntad, repetir lo que Él hizo y no sólo repararemos todo, sino que le daremos a todos a Jesús, como Él mismo se propuso entregarse a todos, y le daremos a Él la gloria como si todos hubieran recibido la comunión. El Corazón de Jesús se conmueve al ver a la criatura, incapaz de darle algo digno de Su Persona, toma Sus cosas, las hace suyas, imita cómo Él las hizo y para agradarle, se las da a Él.



En el Sacramento de la Eucaristía, Jesús también multiplicó sus sufrimientos por cada alma, como si por sólo ella sufriera y no por los demás. En ese momento supremo de recibirse a sí mismo, Jesús se entregó a todos, sufrió su pasión en cada corazón, para poder someter corazones por medio de dolores y de amor, y al darles todo su amor divino, vino a tomar dominio de todos. Pero ¡ ay ! Su amor quedó decepcionado debido a muchos y espera ansiosamente los corazones amorosos que, recibiéndolo, se unen a Él para ser multiplicados en todos, deseando y esperando lo que Él desea. Al menos puede tomar de ellos lo que los demás no le dan y recibir la satisfacción de conformarlos a su deseo y a su voluntad. Por lo tanto, en el acto de recibirlo, hacemos lo que Jesús hizo para darle la satisfacción de que queremos lo mismo.



Y por cada doloroso gemido del Espíritu Santo por aquellos que no administran y no reciben el Sacramento con las debidas disposiciones, le damos nuestro intercambio de amor, con la huella de nuestro continuo "Te amo" en cada hostia, para calmar sus lágrimas y hacer que sus gemidos sean menos dolorosos.



Padre Eterno, hoy te ofrezco todas las virtudes,

Los actos, los afectos del Corazón de tu querido Jesús.




Sunday, 4 November 2018

Novena de Entrega total a Jesús. Autor Padre Dolindo Ruotolo (Capuchino)


No quiero angustiarme, Dios mío, ¡Confío en Ti! 
Habla Jesús al alma:
Día 1 
¿Porqué se confunden preocupándose?
Déjenme el cuidado de todos sus asuntos y todo les saldrá en completa paz. Yo les digo en verdad que todo acto verdadero, ciego y de completa entrega a mí, logra el efecto que ustedes desean y les resuelve todas las situaciones difíciles.
Oración 10 veces ... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 2
Entregarse a mí no quiere decir estar ansiosos, molestos, o perder la esperanza, tampoco significa que me ofrezcan una oración preocupada pidiéndome que Yo les siga y les cambie su preocupación en oración.
El preocuparse, estar nerviosos y desear pensar acerca de las consecuencias de cualquier cosa es en contra de la entrega total, profundamente en contra de ella. 
Es como la confusión que sienten los niños cuando le piden a sus madres que les ayuden en sus necesidades, y luego tratan de solucionarlas por si mismos haciendo que sus esfuerzos infantiles interfieran con la ayuda maternal.
Entregarse quiere decir cerrar placidamente los ojos del alma, alejarse de los pensamientos de tribulación y ponerse bajo mi cuidado.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 3
Cuantas cosas hago Yo, cuando el alma en tanta necesidad espiritual y material se me acerca, me mira y me dice; "Encárgate de esto", luego cierra sus ojos y descansa.
En dolor rezan ustedes para que Yo actúe, pero que actúe de la manera que ustedes quieren. Ustedes no se me acercan con fe, más bien quieren es que Yo me adapte a sus ideas.
Ustedes no son gente enferma que le piden al doctor que les cure, más bien son gente enferma que le dicen al doctor como curarles.
Así que no actúen de esta manera, más bien recen como Yo les enseñé en el Padre Nuestro:
"Santificado sea tu Nombre", eso es, que seas glorificado en mi necesidad.
"Venga a nosotros tu Reino", eso es, que todo lo que está en nosotros y en el mundo esté de acuerdo con tu Reino.
"Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo", eso en, en nuestra necesidad, decide Señor como lo veas conveniente para nuestra vida temporal y eterna.
Si ustedes me dicen verdaderamente:
"Que se haga tu voluntad", lo cual es lo mismo que decirme:
"Encárgate de todo"
Yo intervendré con toda mi omnipotencia, y resolveré las situaciones más difíciles.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 4
¿Ustedes ven que crece la maldad en vez de desvanecerse?
No se preocupen, cierren los ojos y díganme con fe: "Que se haga tu voluntad, Señor, encárgate de todo"
Yo les digo que Yo me encargaré de cualquier cosa, y que intervendré como lo hace un doctor, y haré milagros cuando sean necesitados. 
¿Ustedes ven que la persona enferma se está empeorando? No se preocupen, cierren los ojos y digan: "Señor, encárgate de esto"
Yo les digo que Yo me encargaré de cualquier situación, y que no hay medicina más poderosa que mi amorosa intervención.
Por mi amor, les prometo esto.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 5
Y cuando Yo les debo llevar por un camino diferente al que ustedes ven, Yo les prepararé; les cargaré en mis brazos; y dejaré que ustedes se encuentren al otro lado del río, como los niños que se han dormido en los brazos de sus madres.  
Aquello que les molesta y les hiere inmensamente son su razón, sus pensamientos y preocupación, y también ese deseo de resolver a cualquier costo lo que les aflige.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 6
Ustedes no pueden dormir; pues quieren juzgarlo todo, dirigir todas las cosas y hacerlo todo, por eso se entregan a la fortaleza humana, o peor, - a los mismos hombres, confiando en su intervención, - esto es los que les impide recibir mis palabras y lo que Yo les ofrezco.
Oh, cómo deseo esta verdadera entrega, para ayudarles. Y como sufro cuando veo que están tan agitados.
Satanás trata de hacer exactamente esto: agitarles y removerles de mi protección y tirarles a las garras de la iniciativa humana.
Así que confíen solamente en mí, descansen en mí, entréguense a mí en todas las cosas.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 7
Yo hago milagros en proporción a su entrega total a mí y a la manera en que ustedes no piensen de si mismos.
Yo siembro tesoros de gracias cuando ustedes se encuentran en la más profunda pobreza.
Ninguna persona de razón, o pensador, ha podido alguna vez hacer milagros, ni siquiera  entre los santos. Pero aquel que se entrega a Dios, hace trabajos divinos.
Así que no lo piensen más, porque la mente es aguda y para ustedes es muy difícil ver la maldad y a la vez confiar en mí y olvidarse de si mismos.
Hagan esto para todas sus necesidades, háganlo todos ustedes y verán grandes milagros silenciosos y continuos.
Yo me encargaré de todas las cosas, se los prometo.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 8
Cierren sus ojos y déjense arrastrar por el flujo de la corriente de mi gracia; cierren sus ojos y no piensen del presente, alejen sus pensamientos del futuro como si lo hicieran de la tentación.
Reposen en mí, creyendo en mi bondad, y Yo les prometo por mi amor, que si ustedes dicen "Señor, encárgate de esto", Yo me encargaré de todo; Yo les consolaré, les liberaré y les guiaré.
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Día 9
Recen siempre listos para rendirse ante mí, y ustedes recibirán de esto gran paz y grandes recompensas, aun cuando Yo les confiera la gracia de la inmolación, del arrepentimiento y del amor.
¿Entonces que les va a importar el sufrimiento? ¿Les parece imposible? Cierren los ojos y digan con toda su alma, "Jesús, encárgate de todo"
No tengan miedo, Yo me encargaré de todas las cosas y ustedes bendecirán mi nombre por haberse humillado a si mismos.
Mil oraciones no pueden igualar un solo acto de entrega, recuerden esto muy bien.
No existe novena más efectiva que ésta:
Oración 10 veces... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!
Madre Santísima, Yo soy tuyo ahora y siempre. A través de ti y contigo, Yo quiero siempre pertenecer completamente a Jesús.

Oración 10 veces ... O Jesús. Yo me entrego totalmente a ti. Encárgate de todo!

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