¡Que venga tu reino!
FIAT!
Riccardina
Uno solo es el deseo de Dios, uno solo Su intento, establecer Su reino de amor en la tierra, en medio de las creaturas y para bien de éstas, porque cada una posee la vida divina por derecho, al haber sido redimidas por su Hijo Jesús con Su propia vida, Su muerte en la cruz, atestiguada con su resurrección. La vida en la Divina Voluntad, explica Jesús a Luisa, es dar Dios a Dios, es efusión divina, la transformación de la naturaleza humana en divina, la comunicación de la virtud creativa, abrazando el Infinito, elevándose en el Eterno. Vivir en el Querer Divino es el llamado de todos los actos de las criaturas en la unidad de la Divina Voluntad. Y quienquiera que viva en el Fiat Divino, abrazando todo y a todos, obtendrá de Dios, este gran bien.
Lo que Él recomienda a Luisa y a cualquiera que venga a conocer el don de su Divina Voluntad es nunca dejarla, porque, siendo Su Querer eterno, lo que se hace en la Divina Voluntad adquiere un valor eterno, inmenso e infinito, y la constancia al pedir, forma la vida del bien que se pide, dispone al alma a recibir el bien que desea y mueve a Dios a conceder el don solicitado.
Con la constante repetición de actos y oraciones que realiza la criatura, forma en sí misma la vida, el ejercicio, el hábito del bien que se pide. Dios, vencido por la constancia con que ésta pide, se lo concede y, encuentra en la criatura, en virtud de la repetición de sus actos, la vida del mismo don que Le hace, convierte en naturaleza el bien solicitado, y la criatura queda poseída y victoriosa, transformada en el don que ha recibido. Por lo tanto, el pedir incesantemente el reino de la Divina Voluntad forma en el alma su propia vida, la vida de su amor; y al pedir el reino de la Divina Voluntad para todos, es el preludio para que otros pueden recibir el gran don del Fiat Supremo.
Es cierto que la mayor dificultad para el alma radica en mantenerse firme en la Divina Voluntad, pero cuán consoladora y sobre todo, cuán maravilloso es encontrar en los Escritos otra revelación de Jesús: que nada se pierde ni se destruye en la Divina Voluntad. Como la luz y el calor son inseparables... los actos de la criatura hechos en Ella, son inseparables del Divino Querer, y como la Divina Voluntad no está sujeta a la extinción, porque es eterna e inmensa luz, los mismos actos permanecen eternamente, incluso Si el alma saliera de la Divina Voluntad.
Por lo tanto, cuando Adán pecó, salió de la Divina Voluntad, pero sus obras permanecieron en Ella. Al caer en el pecado, no fueron destruidos estos actos, estas riquezas, esta gloria y el amor perfecto que le había dado a su Creador, de hecho en virtud de ellos, y de sus obras realizadas en el Fiat Divino, mereció la redención. No, no podía quedarse sin redención, quién inclusive por un corto tiempo, ya había poseído, el Reino de la Voluntad Suprema. Quien posee este reino entra en tales lazos y derechos con Dios, que Dios mismo siente con él la fuerza de sus propias cadenas, que, al atarlo, le impide deshacerse de él. Lo que entra en la Divina Voluntad pierde su propia vida y forma vida en Ella, haciéndose inseparables.
Mientras el alma permanezca en el Divino Querer, sus actos son suyos y también de Dios, pero al salir de Ésta, pierde sus derechos sobre ellos y como éstos se hicieron en el reino de la Divina Voluntad y no en el querer humano, seguirán siendo derecho del Querer Divino, aunque hayan sido hechos por la criatura... y no hay poder humano ni divino, que pueda separar un acto realizado por la criatura en la Divina Voluntad.
Sirven para el alma que los realiza, pero deben servir como primicia, como modelo para aquellos que vivirán en el reino del Fiat Divino. Siempre son actos vivos porque están animados por el Divino Querer, ya que fueron formados por el Divino Artífice.
Son actos que contienen un poder divino; El poder que viene del mismo Jesús, quien, circunda el alma con los más grandes celos de amor, y cuando la ve dispuesta a hacer sus actos en Su Voluntad, antes de que comience el acto, hace fluir la luz y la virtud de la Divina Voluntad... cuando se está formando, la luz y la divina virtud lo envisten... y mientras se hace, la luz lo sella y le da la forma de un acto divino.
El acto en la Divina Voluntad contiene un valor infinito, tanto que la misma criatura que lo hizo no puede encerrarlo todo en sí misma, queda llena y, al no poder contenerlo, se desborda y corre en la misma inmensidad del Eterno Fiat que lo envuelve todo.
Son actos activos, corren por todas partes y envisten todo y a todos. La Divina Voluntad está en todas partes y las obras realizadas en la Divina Voluntad corren por todo el Cielo y tierra; corren al pasado, porque la Divina Voluntad existía; al presente, porque nada ha perdido de su actividad; al futuro, porque eternamente existirá. Nunca están ociosos, están llenos de luz, de amor, de santidad, de divina dulzura, y sienten la necesidad de dar luz a los que viven en la oscuridad, de dar amor a los que tienen frío, de dar santidad a los que viven en pecado, de dar dulzura divina a los que se encuentran amargados. Estos actos, verdaderos hijos del Fiat Divino, nunca se detienen, siempre giran y, si es necesario, incluso por siglos, darán el bien que poseen.
Entonces el amor divino tiembla, gime, agoniza porque la criatura viva en el Querer Supremo... siempre dispuesto a trabajar continuamente para compensar todas sus deficiencias... porque nada le falta a lo que se necesita para formar la Vida Divina en la tierra. Pero al mismo tiempo, la criatura no puede dejar de querer vivir en la Divina Voluntad, o no habría la materia prima para formar la Vida Divina en sus actos ... y como son actos hechos en conjunto, Creador con la criatura, operando desde Dios y uniendo a Dios con la criatura, Dios para dar y la criatura para recibir, son como pretexto para que el Amor Trinitario diga: "La criatura nos ha dado lugar en su acto, nos ha dado la libertad de dejarnos a hacer lo que queremos" ... y de reinar!
El alma en Mi Voluntad se simplifica
y junto a Mí se multiplica en todos, para bien de todos.
Oh, si todos entendieran el inmenso valor de los
actos más pequeños, hechos en mi voluntad,
ningún acto se escaparía.
FIAT!
Riccardina
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