Tuesday, 25 December 2018

Feliz Navidad La Navidad en la pequeñez


Queridos hermanos y hermanas de la Divina Voluntad,

“La Palabra de Dios se hizo carne”, escribe san Juan en su evangelio.

El niño de Nazaret no es una señal de cualquier esperanza, sino de la esperanza que nace de la proximidad de Dios.

Con el nacimiento de Jesús, Dios ya no debe imaginarse en la lejanía remota de los cielos, impasible en su bienaventuranza e indiferente ante nuestras vicisitudes, pero plenamente implicado a través de la frágil carne de un niño.

Dios desciende, se rebaja, se hace carne, confía en nuestras manos.

La Palabra de Dios, encarnándose, no sólo nos reveló la proximidad amante de Dios, sino que nos indicó el camino a seguir para realizar las esperanzas más profundas y secretas de nuestro corazón.

Los pastores lo entendieron. Así que ahora son los puros de corazón, los simples, los pequeños los que entienden.

La riqueza más grande es el amor recibido y donado.

El evento de Belén es un misterio grande y luminoso, porque el amor de Dios se hizo carne y, en la sencillez de un niño, se ofrece a todos los que buscan el secreto de la paz y la verdadera alegría.

“Necesitamos la pequeñez de la criatura como un espacio donde puedan formarse nuestras obras, la necesitamos como la nada de la Creación y, en cuanto nada, llamamos a la vida, en ello, nuestras obras más hermosas; queremos que esta pequeñez sea vacía de todo lo que no pertenece a Nosotros, pero sea viva, para que sienta cuánto la amamos y la vida de las obras que nuestra Voluntad desarolla en ella”.

(Vol XXXII, 26 de marzo de 1933)

Es el deseo más real para todos los hijos y las hijas de la Divina Voluntad, poder celebrar la Navidad del Señor en nuestra pequeñez, ¡para que su Voluntad actúe en nosotros!



¡Fiat!

El Presidente

Michele Colonna

con la Asociación Luisa Piccarreta Pequeños Hijos de la Divina Voluntad

Actos en el Querer Divino – El primer acto de Dios "Fiat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra"

Actos en el Querer Divino – El primer acto de Dios
"Fiat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra"

La vida  en santidad no es una noveda insertada en algún momento de la vida del hombre. No debemos olvidar que es la únca, es el primer deseo de Dios, nuestro Padre Creador. En el exceso de Su Amor, creó al hombre para que se recreara con todos los bienes de la Creación, puestos a su disposición y sobre los cuales le dio libertad de dominar  (cf. Gen 1: 27-29).

En el Edén, Adán caminaba con Dios, vivía en santidad, ciertamente realizaba sus primeros actos en el Reino del Fiat Divino, hasta que tropezó con uno de los tres poderes con los que Dios lo dotó para que fuese similar a Él: La voluntad.

En los Escritos, mientras Luisa se pregunta acerca de la santidad de Adán, Jesús destaca la santidad de ella. Nuestro antepasado poseía tal santidad cuando fue creado por Dios, e incluso sus acciones más pequeñas tenían tal valor, que ningún santo, ni antes ni después de la venida de Jesucristo a la tierra, puede compararse con su santidad y todos sus actos juntos no tienen el valor de un sólo acto de Adán. Adán poseía en sí mismo la Divina Voluntad, poseía la plenitud de la santidad, la totalidad de todos los bienes divinos para poder llenar el Cielo y la tierra sobre los cuales él tenía dominio. Cada uno de sus actios fue hecho en la plenitud de todos los bienes divinos.

En sus actos, le dio a su Padre celestial toda la gloria, ese amor pleno, que ninguna criatura le dio, porque solo en la Divina Voluntad estos actos tienen un valor infinito. No existen fuera de ella. Adán participaba en la Divinidad al tener las riquezas de la Voluntad Eterna, porque a Dios, al crearle, no dejó nada fuera, en todo le fue dada tanta plenitud divina commo le era posible contener a la criatura. Y esto, mientras vivió en el Reino de la Divina Voluntad, reprodució en sí la imagen más hermosa que Dios quizo darle, dotándolo de voluntad, intelecto y memoria.

En la voluntad se refleja el Padre Celestial, que como Primer Acto, comunicó Su poder, Su Santidad, Su altura, a la cual fue elevada la voluntad humana, invistiéndola de Su propia Santidad, Poder y Nobleza ... entre las dos voluntades, todo estaba en común. , en mutuo acuerdo. Y es así como, en su primer acto, la voluntad de Adán fue constituida libre, independiente, tal como fue el primer acto de la Voluntad del Padre Celestial. Mientras que el Hijo y el Espíritu Santo  concurrieron en segundo y tercer acto. El Hijo, dotándolo de intelecto, el Espíritu Santo dotandólo  de memoria.

Con Luisa, durante su formación, Jesús nos enseña a todos a vivir, con nuestros actos, en Su Divina Voluntad y, sobre todo, a no salir de Ella. Todas las acciones hechas en Su Voluntad son tan apreciadas que tan pronto como el alma entra en Ella para actuar, Su luz la rodea y Jesús mismo corre para hacer que Su acto sea uno junto con el de la criatura, sean uno, y ya que Él es el primer acto de toda la Creación, sin Su primer impulso, todas las cosas creadas permanecerían paralizadas, sin fuerza e impotentes ante el más mínimo movimiento. La vida está en movimiento; sin ella todo está muerto.

Explica Jesús a Luisa que es Él, el primer movimiento, el que da vida y pone en acción a todos los otros movimientos. En tu primer movimiento, la Creación te rodea. Al igual que un carro en el que, al poner en marcha la primer rueda, se ponen en movimiento las demás ruedas. Entonces aquellos que trabajan en la Divina Voluntad se mueven en Su primer movimiento y de ahi van a encontrar y a operar en el movimiento de todas las criaturas ... aquellos que viven en la Divina Voluntad sustituyen a todos, Lo defienden de todo y resguardan Su movimiento, que es Su misma vida

Los Ángeles, por ejemplo, se conservan hermosos y puros tal como salieron de las manos del Creador. Siempre han permanecido en ese Primer Acto en el que fueron creados; por lo tanto, estando en ese Primer Acto de su existencia, están en ese único Acto de la Divina Voluntad que, sin conocer otra sucesión de actos, no cambia, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables. Toda su felicidad es permanecer voluntariamente en ese Acto Único de la Divina Voluntad. Todo lo encuentran en el circuito de la Divina Voluntad, no quieren ser felices de otra manera, sino sólo con lo que la Divina Voluntad les suministra.

Así, en la creación del hombre, la Divina Voluntad le fue dada como vida primaria y primer acto de todas sus obras. Debido a que creció en gracia y belleza, necesitó una Voluntad Suprema, que no solo acompañaba a su voluntad humana, sino que reemplazaba el trabajo de la criatura. La Voluntad Divina entra en la vida primaria de la criatura, y mientras se mantienga en ese primer Acto, que es su vida, la criatura siempre crece en gracia, en luz, en belleza, preserva el vínculo del primer Acto de la creación, dando A la Santísima Trinidad la gloria de todas las cosas creadas.

Todos los hechos en la Divina Voluntad entran en el Primer Acto, cuando se originó toda la Creación, y los actos de la criatura, besándose con los de la Divinidad, porque una es la Voluntad que da vida a estos actos, se difunden en todas las cosas creadas, tal como la Divina Voluntad se difunde en todas partes, y están constituidos por el intercambio de amor, de adoración y de gloria continua por todo lo que ha sido puesto en la Creación.

Al principio, con la virtud de la Divina Voluntad, la santidad del hombre estaba completa, porque provenía de un acto completo de Dios: era santo y feliz en el alma, así como santo y feliz en el cuerpo, porque la Divina Voluntad le traía los reflejos de la santidad de su Creador.

Ahora, cada criatura debe recorrer este camino para volver al punto donde se produjo la división; regresar para tomar la Voluntad Divina como vida, como regla y como alimento, para purificarse, para ennoblecerse, para divinizarse y para tomar el Primer Acto de la Creación, ya que la Venida del Divino Hijo a la tierra fue precisamente el primer acto: Dar a conocer la Voluntad de Dios Padre para renovarla nuevamente en las criaturas.

Al fusionar todo en la Divina Voluntad, el alma se "reordena", vuelve al principio de donde surgió y se restaura el orden entre el Creador y la criatura. Todas las cosas están en orden, tienen un lugar de honor, son perfectas cuando no se mueven del principio de donde salieron. Los actos realizados en la Divina Voluntad, y solo éstos, vuelven al principio donde se creó el alma y cobran vida en el contexto de la eternidad, trayendo a su Creador los tributos divinos, la gloria de Su propia Voluntad.



Majestad Suprema y Creador de todas las cosas,

en tu Voluntad, he viajado alrededor de todo,

para que todas las cosas puedan glorificarte, amarte y bendecirte,

que tu Voluntad descienda a la tierra,

para que pueda entrelazar y fortalecer todas las relaciones entre Creador y la criatura,

y así todas las cosas vuelvan al primer orden, establecido por Tí.

FIAT!

Monday, 17 December 2018

PARA LEER Y HACER LEER Actos en el Querer Divino: rayos del acto de Dios Unico-Eterno

Actos en el Querer Divino: rayos del acto de Dios Unico-Eterno


Si la oración, personal o comunitaria, es el acto por el cual cada hombre se une a Dios y el alma se eleva a Dios, con la oración de las Rondas (Giros), Luisa nos lleva a una dimensión superior, a fusionarnos  con Él, a través del ejercicio espiritual de girar por todo lo que Dios ha hecho: creación, redención, santificación.

 Dando a Dios lo que es de Dios, estableciendo con Él una reciprocidad de amor que beneficia a la criatura que realiza las rondas y ésta, a su vez, "visita" e impetra el Reino del Fiat Supremo sobre la tierra.

El tercer Fiat es lo que toda criatura debe decirle a Dios para entrar en el Reino del Querer Divino, renunciando a todos los modos y formas de todo tipo de pecado voluntario y, realmente convirtiéndose, ya en esta tierra, en partícipe de la Omnipotencia Divina, la Riqueza Divina, la Realeza Divina, de la Divina Felicidad, con actos que le remitan a la eternidad, al Acto Eterno de Dios. Al Acto Único de Su exceso de Amor.

Nuestra eternidad ya está aquí y ahora, presente en cada acto de nuestra existencia. Cada momento de nuestra vida, así como cada evento, grande o pequeño, en la historia del Universo. Todo, desde el momento en que recibe la existencia, permanece para siempre. ¡Así que cada acto es indeleble, es para siempre! ¡Cada acto nuestro, en su momento, tiene el valor de la eternidad! Ningún acto perecerá, desaparecerá en la nada.

Es bueno entonces que, precisamente por que somos imágenes de Dios,  voluntariamente, libremente, hagamos muchos actos, porque estos entran a formar parte del Acto Eterno de Dios. Cada uno de nuestros buenos actos nos guía al origen de Su Acto Eterno, Acto Único, contribuyendo al bien universal, porque en La Divina Voluntad, Jesús le explica a Luisa, que cada acto sirve al bien universal, al bien de todos, a nadie hace a un lado y, haciendo uso de Su Omnipotencia, une a todas las criaturas y a sus actos, excepto al pecado, porque el mal no entra en Ella.. Y si bien es un solo acto, por su omnipotencia, une todo y hace todo como si fuera uno solo. Tal fue la concepción de la Virgen María: en su omnipresencia e inmensidad, Dios llamó a todas las criaturas, todos sus actos buenos presentes, pasados y futuros como si fueran una solo, para que esta Concepción se formara sobre todo y sobre todas las cosas, dando a todos el derecho de  hijos y a María, el derecho de Madre de todos.

Pero, ¿cómo es posible tanto poder, tantos actos en uno, que se forman al obrar en la Divina Voluntad? A esta pregunta que tanto Luisa y así mismo nosotros hacemos, Jesús responde con la imagen del sol. Éste da luz a toda la tierra, porque es más grande que la tierra, porque posee la fuerza única y completa de la luz, posee la fuente de los colores, de la fecundidad y de la variedad de dulzura. Por eso, al ser el sol más grande que la tierra, puede dar luz a toda la tierra, puede dar la variedad de colores a las flores, la dulzura diferente a las plantas y frutos. Uno es el acto que hace el sol en su grandeza y magnificencia, y con este único acto hace tanto, que mantiene cautivada a la Tierra entera, dando a cada cosa su propio acto distinto. Cuando su luz toca la tierra, vemos que sus efectos se transforman en actos y ni uno solo se pierde, sino que, celoso, los conserva en su único acto de luz.

Ahora, con mayor razón la Divina Voluntad, así como es interminable y con un solo acto produce la fecundidad de todos los demás actos, el alma que vive en Ella posee la fuente de sus actos, su fecundidad. Esta es la razón por la que, en el alma donde el Querer Divino reina y domina, no cambia el régimen ni los caminos y, a medida que actúa en ella, sus actos se manifiestan con la multiplicidad y la fecundidad de Sus actos divinos.

En la Patria Celestial, reina el acto Único y Universal, una es la voluntad de todos, un solo querer, nadie realiza ni desea otra cosa, cada bendita alma siente el Divino Querer como vida propia y al tener todos una sola voluntad, se forma la sustancia de la felicidad de todo el cielo. No hay nada que la Divina Voluntad no pueda hacer, en ella no puede haber actos rotos, sino un acto continuo y universal, y como en el Cielo reina con todo su triunfo y pleno dominio, en ella, toda la naturaleza siente su vida universal y está llena hasta el borde de todos los bienes que Ésta posee... La Divina Voluntad mantiene a todos los bienaventurados absortos, ensimismados, fusionados en Ella misma, como si fueran uno.

Sin embargo, ¿creemos que solo en el Cielo este Acto Universal se extiende y comunica su vida palpitante a cada criatura?

No, no, lo que Ella hace en el Cielo, lo hace también en la tierra... Su Acto universal se extiende a cada creatura y quién vive en Ella siente Su Vida divina, Su santidad, Su latido increado, que al consituirse vida de la criatura, con su movimiento incesante se derrama siempre en ella, sin cesar,  y la feliz criatura que la hace reinar, la siente en todas partes, por dentro y por fuera. Su acto universal la mantiene rodeada por todos lados, de modo que no puede salir de la Divina Voluntad... Quien no siente la vida del Cielo en su alma y no siente ese acto universal, es porque no se ha dejado dominar por la Divina Voluntad, dándole libertad para hacerla reinar.

Todos los actos de Dios forman un único acto que abraza todo y que reúne en sí a todos los demás actos. En la creación del hombre, uno fue el Acto, y de este Único Acto salió de Dios: la santidad, el poder, la sabiduría, el amor, la belleza, la bondad... en suma, no hubo cosa alguna que saliera de Dios, que no fuera infusa en el hombre. De todo tomaba parte, porque cuando la Divina Voluntad actúa, no sabe cómo hacer las cosas a la mitad. Y lo que hace en el cielo, lo hace en la tierra, es por eso que Su acto es Ünico y Universal.

Y todos los actos realizados en el Querer Supremo, no pueden permanecer en la tierra. Es Querer Divino el que, como un imán, los retira de su origen y les da nacimiento en la Patria Celestial. Y es tanto el valor de estos actos que los Ángeles se estiman afortunados de recibirlos ... sienten en estos actos el eco del Fiat Divino

… El Hombre, al hacer su voluntad, salió de la unidad de la Divina Voluntad y todos sus actos perdieron la fuerza de esta unidad y quedaron dispersos, divididos entre sí, vaciados de la plenitud de luz de los actos divinos. Ahora, quien recibe como don, el llamado a vivir en el Querer Divino, va reuniendo todos los bienes (actos) dispersos por las criaturas y forma un solo acto, y estos actos se convierten en el derecho de aquellos que hacen y viven en el Fiat Divino. No hay bien que no puedan tomar aquellos viven en Mi  Querer: con la fuerza de bilocación de este llamado, reúne y une a todos los actos y, ordenándolos todos en el Fiat Divino, devuelve todo a Dios y Dios lo da todo.



Queremos que la criatura viva en Nuestro Querer,

Para asegurarnos de que sus actos y los nuestros están fusionados

y que son de un solo tono,

de un Sólo Querer.

FIAT!

Riccardina

Saturday, 8 December 2018

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO


Preparar el corazón: esperar es amar
07/12/2018

Segundo domingo de Adviento. Tiempo de espera, de preparación para acoger al Dios que viene. El evangelio trae exactamente fechas, nombres, naciones y regiones: siempre hay un emperador, un gobernador, unos príncipes, unos sumos sacerdotes que ejercen su poder en los Palacios y el templo. Este marco de poderes, que a menudo se confunde con la verdadera historia de la humanidad, contrasta con el acontecimiento humilde y pequeño, pero decisivo, que ocurre en el deserto: la Palabra de Dios dirigida a Juan, hijo de Zacarías. Este contraste entre la grande historia: la de los fuertes y los potentes, y la pequeña historia: la de los simples que escuchan la Palabra de Dios, es una constante del actuar del Señor. Dios hace cosas grandes, pero a partir de los pequeños, del cotidiano, de los gestos simples y humildes.

El evangelista Lucas subraya aún más esta oposición entre el estilo de Dios y el de los potentes: la Palabra, en efecto, resuena en el desierto. El desierto en lugar de un palacio o del mismo templo, porque el desierto es la tierra de nadie, la tierra vacía y sin valor donde puede producirse en plenitud el poder de Dios. Sí, porque el desierto es un lugar de importancia fundamental en la historia de la salvación del pueblo judío. Ahí donde no tienes nada, puedes confiar sólo y únicamente en la verdad, en el Señor, que puede dar la vida y ofrecer la salvación. El desierto es el regreso a lo esencial, a esa pobreza interior donde somos auténticos, pequeños, verdaderos. Dios viene al profundo de nuestra humanidad. Cuanto más bajaremos en el profundo de nuestra humanidad, desnudándonos de cualquier exterioridad y de lo superfluo, tanto más estaremos en relación con Dios.

En el evangelio se afirma que en el desierto de Judea hay un hombre que vive en la esencialidad y austeridad más grande, y que se dirige a la humanidad sugiriendo el perdón, la conversión, la verdadera preparación al encuentro con Dios. No es un rey o un potente, sino un hombre del desierto y de la Palabra, el verdadero heredero de los profetas. Juan el Bautista tiene la tarea de la preparación inmediata para el acaecimiento. El Señor está cerca. Es en el corazón de los hombres que hay que trazar el camino para la llegada del Señor. El camino del Señor pasa inevitablemente por la conversión de los corazones. Una conversión que encuentra en Él la oferta generosa del perdón, de la renovación de la vida, la salvación de los individuos y de toda la humanidad.

Es el Señor que da a todo sí mismo, el camino que preparar es el suyo. Un escritor utiliza esta expresión: “Dios encendió su lámpara entre las estrellas, y espera que el hombre se ponga en camino”; «Amar es esperar» (dice Simone Weil). Dios es amor en espera. Y la esperanza nace ahí donde el movimiento de Dios y el del hombre se cruzan, donde se fusionan el grito y la palabra dirigida al corazón. El lugar de la esperanza es la Navidad de Jesucristo, donde se cruzan la llegada de Dios y el camino del hombre.

El 5 de septiembre de 1900 Jesús le dice a Luisa que el verdadero amor es cuando está respaldado por la esperanza, y por la esperanza perseverante, porque si hoy esperamos y mañana no, el amor se hace enfermo, porque, como es alimentado por la esperanza, cuanta más comida le administra, tanto más se hace fuerte, robusta, tanto más vivo es el amor. Y si esto falta, primero el pobre amor se pone enfermo, y luego, quedándose solo, sin apoyo, acaba muriendo totalmente. Por eso, por lo grandes que sean nuestras dificultades, jamás, ni por un momento, debemos alejarnos de la esperanza con el miedo de perder a Jesús; más bien, debemos hacer que la esperanza, superando todo, nos haga encontrar siempre unidos con Él, y entonces el amor tendrá la vida perpetua.

don Marco

La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por el Espíritu Santo

  La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por  el Espíritu Santo Pentecostés es una festividad movible, es decir que está relacio...