Mi misma Generación del Verbo, de la cual procedió el Espíritu Santo
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
Vol. 36, cap.18 Julio 6, 1938
"... ‘¿Qué otra cosa podía hacer y no hice? ¿Podía tal vez amarte de más y no te he amado?’ Tú debes saber que mi amor llega al exceso; conforme la criatura hace sus actos en mi Querer, Yo llamo en aquél acto a todos nuestros actos que hemos hecho, posibles e imaginables, también mi misma Generación del Verbo, de la cual procedió el Espíritu Santo,
toda la Creación, mi Encarnación en el tiempo, todo, todo lo encierro en aquel acto para poder decir:
‘Es acto nuestro, es acto completo’. Nada debe faltar,
y la criatura debe podernos decir:
‘En tu Voluntad todo es mío y todo puedo daros, aun a Ustedes mismos’.
Así que nuestra gloria, nuestro amor, se difunden en todas nuestras obras, y reuniendo todo se vierte hasta nuestro seno divino. ¡Oh! cómo es dulce oír resonar en todas las cosas:
‘Gloria, amor a nuestro Creador!’
¿Pero quién nos ha dado la ocasión de recibir tanta gloria nuestra? Quien vive en nuestro Querer”.
Yo Genero continuamente, y del arrebato e ímpetu de nuestro amor de Padre e Hijo Procedió el Espíritu Santo
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
36-20 (5) Julio 18, 1938
Ahora, tú debes saber que mi amor no está contento si no hago y doy nuevas sorpresas de amor a quien vive en mi Querer, si no agrego cosas nuevas para hacerlas conocer, así que escucha hija mía cuánto te he amado: Mi Padre Celestial me generaba, y Yo lo amaba, y en aquél amor te amaba también a ti, porque mi Voluntad te llevaba siempre presente.
Yo Genero continuamente, y del arrebato e ímpetu de nuestro amor de Padre e Hijo Procedió el Espíritu Santo,
y en aquel arrebato te amé también a ti con amor continuo. Creé toda la Creación, y en cada cosa que creaba, primero te amaba a ti y después la creaba y la extendía a tu servicio. También en el amor entre Yo y mi Mamá Celestial te amé, y ¡oh, cuánto te amé al encarnarme en su seno virginal! Te amé en cada respiro, en cada movimiento, en cada lágrima, mi Voluntad te hacía presente para que te amase, y tú recibieras como don mío mi respiro, mis lágrimas, mi movimiento. Ha llegado a tanto mi amor por quien debía vivir en mi Querer, que también cuando hacía gracias a mis santos y los amaba, en aquel amor ella venía encerrada. Puedo decir: ‘Te he amado siempre, te he amado en todos y en todo, te he amado en todos los tiempos, en todo lugar, te he amado dondequiera y por todas partes’.
El alimento divino: ‘El amor’ que genera al Hijo y al Espíritu Santo
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
36-44 Diciembre 18, 1938
El don más grande es cuando la vemos llevada en los brazos de nuestra Voluntad, entonces nos sentimos de tal manera atraídos, que no podemos hacer menos que hablar de nuestro Ente Supremo; decirle un conocimiento de más de lo que somos es el don más grande que podemos hacer, éste supera a toda la Creación; conocer nuestras obras es don, hacerle conoce a Nosotros mismos es Vida nuestra que damos, es admitirla a nuestros secretos, es fiarse el Creador de la criatura.
Vivir en nuestro Querer, ser amados, es todo para Nosotros, mucho más que el amor de Nosotros mismos forma nuestro alimento continuo.
Mi Padre Celestial genera sin cesar jamás a su Hijo, porque ama; con el generarme forma el alimento para alimentarnos.
Yo, su Hijo, amo con su mismo amor y procede el Espíritu Santo, con esto formamos otro alimento para alimentarnos.
Si creamos la Creación fue porque amamos, y si la sostenemos con nuestro acto creante y conservante, es porque amamos; este amor nos sirve de alimento. Si queremos que la criatura nos conozca en nuestras obras y en Nosotros mismos, es porque queremos ser amados, y de este amor nos servimos para alimentarnos.
Somos inseparables,
y aunque Nosotros mismos lo quisiéramos, no podemos separarnos, a lo más nos bilocamos, y mientras tenemos nuestro trono en el Cielo, formamos nuestro trono en la tierra, pero separarnos jamás.
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
36-45 (1, 2) Diciembre 25, 1938
Me he detenido en el descendimiento del Verbo a la tierra, y yo lo compadecía al verlo solo. Y mi dulce Jesús, con una ternura indecible, sorprendiéndome me ha dicho:
“Hija mía amadísima, tú te equivocas, la soledad fue por parte de la ingratitud humana, pero por la parte Divina y de nuestras obras, todas me acompañaron, no me dejaron jamás solo, es más, debes saber que junto Conmigo descendieron el Padre y el Espíritu Santo; mientras Yo quedé con Ellos en el Cielo, Ellos descendieron Conmigo a la tierra.
Somos inseparables, y aunque Nosotros mismos lo quisiéramos, no podemos separarnos, a lo más nos bilocamos, y mientras tenemos nuestro trono en el Cielo, formamos nuestro trono en la tierra, pero separarnos jamás.
En el descendimiento sobre la tierra el Verbo tomó la parte actuante, pero siempre concurrentes el Padre y el Espíritu.
Fiat Divina Voluntad
Jn 20, 22-23
"exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo"
Visita Celestial del Día 30
"llegó el momento en que en el Cenáculo descendió el Espíritu Santo prometido por mi Hijo"
La hora del triunfo. Apariciones de Jesús. Los fugitivos se apiñan en torno a la Virgen como arca de salvación y de perdón. Jesús parte para el Cielo. Maestra de los apóstoles, sede y centro de la Iglesia naciente. Descendimiento del Espíritu Santo.
Entonces llegó el tiempo en que descendió el Espíritu Santo, prometido por mi Hijo, en el cenáculo. Qué transformación hija mía, en cuanto fueron investidos adquirieron nueva ciencia, fuerza invencible, amor ardiente, una nueva vida corría en ellos que los hacía intrépidos y valerosos, de modo que se esparcieron en todo el mundo para hacer conocer la Redención, y dar la vida por su Maestro, y Yo quedé con el amado Juan y fui obligada a salir de Jerusalén, porque comenzó la tempestad de la persecución.
Hija mía queridísima, tú debes saber que Yo continúo todavía mi magisterio en la Iglesia, no hay cosa que de Mí no descienda, puedo decir que doy mi vida por amor de mis hijos y los nutro con mi leche materna. Ahora, en estos tiempos quiero mostrar un amor más especial, haciendo conocer cómo toda mi vida fue formada en el reino de la Divina Voluntad, por eso te llamo sobre mis rodillas, entre mis brazos maternos, para que sirviéndote de barca puedas estar segura de vivir en el mar de la Divina Voluntad. Gracia más grande no podría hacerte. ¡Ah! te ruego, contenta a tu Mamá, ven a vivir en este reino tan santo y cuando veas que tu voluntad quiera tener algún acto de vida, ven a refugiarte en la segura barca de mis brazos, diciéndome: “Mamá mía, mi voluntad me quiere traicionar y yo te la entrego a ti, a fin de que pongas en su lugar a la Divina Voluntad.” ¡Oh! cómo sería feliz si puedo decir: “Mi hija es toda mía porque vive de Voluntad Divina.” Y Yo haré descender al Espíritu Santo en tu alma, a fin de que consuma lo que es humano, y con su soplo refrescante impere sobre ti y te confirme en la Divina Voluntad.
LA PAZ
Jn: 20, 21
"Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros."
Vol. 9-12(1-2) Julio 29, 1909
"Es la herencia que doy a mis hijos, la paz eterna que gozarán Conmigo en el Cielo”
Continuando mi habitual estado decía entre mí: “¿Por qué el Señor quiere que no entre en mí ni un aliento de turbación, y que en todas las cosas me mantenga siempre en paz? Parece que ninguna cosa le agrada, aunque fueran obras grandes, virtudes heroicas, sufrimientos atroces; parece que Él olfatea en el alma, y a pesar de todas estas obras, virtudes y sufrimientos, si no hay paz queda nauseado y descontento del alma”. En ese momento se ha hecho oír, y con una voz digna e imponente, respondiendo a mi ¿por qué?, me ha dicho:
“Porque la paz es virtud divina, y las otras virtudes son humanas; así que, cualquier virtud, si no está coronada por la paz, no se puede llamar virtud, sino vicio. He aquí el por qué me importa tanto la paz, porque la paz es la señal más cierta de que se sufre y se obra por Mí, y es la herencia que doy a mis hijos, la paz eterna que gozarán Conmigo en el Cielo”.
Jn: 20, 22
“Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban el Espíritu Santo’.”
Vol. 35- 23 (2-3) diciembre 21, 1937
"Potencia de nuestro aliento omnipotente. Con nuestro aliento la restableceremos, la sanaremos"
“Hija mía buena, está decretado en el consistorio de la Trinidad Sacrosanta que mi Voluntad Divina tendrá su reino sobre la tierra, y cuantos prodigios se necesiten los haremos, no ahorraremos nada para tener lo que Nosotros queremos. Pero Nosotros en el obrar usamos siempre los modos más simples, pero potentes, tanto de arrollar Cielo y tierra, todas las criaturas en el acto que queremos.
Tú debes saber que en la Creación, para infundir la vida al hombre no se necesitó más que nuestro aliento omnipotente, ¡pero cuántos prodigios encerrados en aquel aliento! Creamos al alma dotándola con las tres potencias, verdadera imagen de nuestra Trinidad adorable; con el alma tuvo el latido, el respiro, la circulación de la sangre, el movimiento, el calor, la palabra, la vista.
Ahora, ¿qué cosa se necesitó para hacer todos estos prodigios en el hombre?
Nuestro acto más simple, armado de nuestra Potencia, esto es, nuestro aliento
y de la carrera de nuestro Amor, que no pudiendo contenerlo, corría, corría hacia él hasta hacer de él el más grande prodigio de toda la obra creadora. Mira hija mía, el hombre con no vivir en nuestro Querer Divino, sus tres potencias han sido obscurecidas y deformada nuestra imagen adorable en él, de modo que ha perdido el primer latido de amor de Dios en el suyo; ha perdido el respiro divino en su respiro humano, más bien, no que lo haya perdido, sino que no lo siente, por eso no siente la circulación de la Vida Divina, el movimiento del bien, el calor del Amor supremo, la palabra de Dios en la suya, la vista para poder mirar a su Creador, todo ha quedado obscurecido, entorpecido, debilitado y tal vez también deformado.
Ahora, ¿qué cosa se necesita para restablecer a este hombre?
Volveremos a infundirle nuestro aliento con más fuerte y creciente amor, le infundiremos el aliento en el fondo del alma, pondremos nuestro aliento más fuertemente en el centro de su voluntad rebelde, pero tan fuerte de sacudirle los males a los cuales está unido; sus pasiones quedarán aterradas y aterrorizadas ante la potencia de nuestro aliento; se sentirán quemar por nuestro fuego divino, y la voluntad humana sentirá la Vida palpitante de su Creador, que ella, como velo lo esconderá en sí misma y volverá a ser la portadora de su Creador. ¡Oh, cómo se sentirá feliz!
Con nuestro aliento la restableceremos, la sanaremos, haremos como una madre ternísima que teniendo a su hijo deforme, por medio de su aliento, de respiraciones, de soplos, se vierte sobre su hijo y solamente deja de darle el aliento y la respiración cuando lo ha sanado y lo ha vuelto bello como ella lo quería. La potencia de nuestro aliento no lo dejará, sólo dejaremos de dárselo cuando lo veamos regresar a nuestros brazos paternos bello como Nosotros lo queremos, y entonces sentiremos que nuestro hijo ha reconocido nuestra paterna bondad, y ha reconocido lo mucho que lo amamos. Mira entonces qué se necesita para hacer venir a reinar a nuestra Voluntad sobre la tierra: La potencia de nuestro aliento omnipotente, con él renovaremos nuestra Vida en el hombre. Todas las verdades que he manifestado sobre los grandes prodigios del vivir en mi Querer, serán las propiedades más bellas, más grandes, de las cuales les haré don. También esto es una señal segura de que vendrá el reino de mi Voluntad a la tierra, porque si hablo, primero hago los hechos y después hablo, mi palabra es la confirmación del don, de los prodigios que quiero hacer; por eso, ¿qué finalidad tendría el manifestar mis propiedades divinas, hacerlas conocer, si no debiera venir su reino a la tierra?”
SOBRE EL PECADO
Vol. 6-68 (2)
La Atención continua para no cometer pecados
Estaba pensativa por haber leído en un libro, que el motivo de tantas vocaciones frustradas es la continua falta del dolor del pecado, y como yo no pienso en esto y sólo pienso en Jesús bendito y en el modo como hacerlo venir, y de ninguna otra cosa me ocupo, por tanto pensaba entre mí que me encontraba en mal estado. Después, encontrándome en mi habitual estado, el bendito Jesús me ha dicho:
“Hija mía, la atención en no cometer pecado suple al dolor, y aunque uno se doliese, y con todo y eso cometiera pecado, su dolor sería vano e infructuoso, mientras que la atención continua para no cometer pecados no sólo tiene el lugar del dolor, sino que fuerza a la gracia a ayudarla continuamente en modo especial a no caer en pecado, y mantiene al alma siempre limpia.
Por eso continúa estando atenta a no ofenderme ni mínimamente, y esto suplirá lo demás”.