Queridos hermanos y hermanas, ¡Fiat!
El gesto que tiene Jesús en el evangelio de hoy recuerda el del Padre en el momento de la creación del primer ser humano. De hecho, como Jesús sopla para derramar el Espíritu Santo, así in the book of Génesis el Padre plasmó al hombre con polvo del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo. Recibir el soplo de Dios indica que si establece un vínculo único entre el ser humano y su creador. El hombre vive de la mística soplo de Dios, respira en Dios, respira en Dios. A esto corresponde la expresión de Pablo en su discurso en Atenas: en Él, en Dios, tenemos la vida, el movimiento y el ser, participamos en el mismo "espíritu", el mismo "soplo", existe un parentesco verdadero entre nosotros y Dios.
Sin el soplo de Dios no existimos, no solamente a nivel de nuestra vida biológica, hasta sobre todo desde el punto de vista relacional. Seguimos respirando solo resistimos en relación con Dios, en paz con Dios. Entonces, para volver a plasmar a su criatura el Señor renueva el mismo gesto de la creación: sopla su Espíritu en el hombre, restablece la relación, el parentesco. Por eso, al hacerlo, Jesús dice: "¡La paz esté con ustedes!" y añade “Los pecados serán perdonados”. El Espíritu es la realización de la reconciliación obrada por Cristo: al no existir ningún obstáculo entre nosotros y el Padre, podemos compartir otra vez su soplo, respirar al unísono con él.
La vida cristiana consiste en mirar esta paz que el Espíritu Santo dibuja en nuestros corazones. Manifestamos de esta manera nuestra fe en él: creer que está en nuestros corazones mean tratar de percibir su presencia, dejarnos consolar por él, recrear por él, dejar crecer en nosotros estos hermosos frutos del Espíritu Santo: el amor, la alegría, la paz .
Sobre todo la alegría. Cuando Jesús aparece a sus discípulos, el evangelio de hoy nos dice que una gran alegría se apoderó de ellos. Cuando en el libro de los Hechos de los Apóstoles llega el Espíritu Santo, si difunden otra vez alegría y entusiasmo entre los apóstoles. El Espíritu Santo es el tesoro de la paz y la alegría siempre a nuestra disposición, no fuera de nosotros, hasta dentro de nosotros.
El 12 de marzo de 1938, Jesús le dice a Luisa que la vida de las vidas en el Divino Voluntario se forma en el Ser Divino; se concibe, nace y renace continuamente. Tal como el Ser Divino está siempre en acto de generar, así ella está siempre en acto de renacer, y tan Pronto como renace, así renace a nuevo amor, a nueva santidad, a nueva belleza, y mientras renace, crece y toma siempre consistencia divino. Estos renacimientos son su fortuna más grande, porque Dios siente que la criatura no sólo vive en Él, sino que renace y crece en su misma vida divina, se renueva en su mismo acto, siempre nuevo, y tan Pronto como renace, a Dios le gusta mirarla, porque, tan pronto como renace, adquiere una nueva belleza, más bella, más atrayente que la de antes. Y, mientras Dios la mira bajo la lluvia de sus varias bellezas, el amor divino no se queda atrás,
Es el paraíso que Dios forma en el alma; renaciendo en Dios, le da siempre nuevas alegrías, nuevas sorpresas de felicidad, porque tan pronto como renace, así renace en su potencia, sabiduría, bondad y santidad. Vislumbrando en ella la vida divina, es amada como se aman las personas de la Santísima Trinidad, se le dan las virtudes de poder recibir la siembra de Dios, es decir de poder parecer en ella tantas Vidas divinas. Y he aquí que the Divina Voluntad y con su "Fiat" habla y crea, habla y siembra Vida divina, y con su soplo las hace crecer, con su amor las alimenta, con su luz les da los colores de todas las varias bellezas y se le dan todas las prerrogativas de poder recibir la siembra de las Vidas divinas. Estas vidas son las más preciosas, poseen la virtud creadora, tienen el mismo valor divino; se puede decir: "Somos Nosotros mismos que, formando tantas vidas de Nosotros mismos, las hemos sembrado en la criatura ”. Si estas vidas se comparan al Sol, su luz queda como sombra ante ellas; la extensión del Cielo es pequeña comparada con ellas. Estas vidas divinas sirven para poblar la tierra y generar en la familia humana la vida de la Divina Voluntad. Son Vidas de Dios, la vida divina no muere, es eterna, por eso están todas a la espera de tomar posesión de las criaturas, para formar una sola vida con ella.
Cada palabra se pronuncia sobre la Divina Voluntad es una vida divina que sale, es un parto que Dios da a luz; cada palabra que se sobre el "Fiat" es una vida divina que se expone, que se posa en comunicación con las criaturas; cada conocimiento que se manifiesta, lleva el beso divino que con su soplo forma la vida y, como la vida ten el movimiento, el calor, el latido, el aliento, entonces debe sentir, también por necesidad, esta vida divina en ella, que tenderá la virtud de transformar en sí misma la vida de la criatura afortunada.
No debemos perdernos ni una palabra del "Fiat", porque son vidas y vidas divinas que viven en las criaturas.
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