Sunday, 3 February 2019

Actos en el Querer Divino – El primer acto de Dios


"Fiat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra"


La vida en santidad no es una noveda insertada en algún momento de la vida del hombre. No debemos olvidar que es la únca, es el primer deseo de Dios, nuestro Padre Creador. En el exceso de Su Amor, creó al hombre para que se recreara con todos los bienes de la Creación, puestos a su disposición y sobre los cuales le dio libertad de dominar  (cf. Gen 1: 27-29).

En el Edén, Adán caminaba con Dios, vivía en santidad, ciertamente realizaba sus primeros actos en el Reino del Fiat Divino, hasta que tropezó con uno de los tres poderes con los que Dios lo dotó para que fuese similar a Él: La voluntad.

En los Escritos, mientras Luisa se pregunta acerca de la santidad de Adán, Jesús destaca la santidad de ella. Nuestro antepasado poseía tal santidad cuando fue creado por Dios, e incluso sus acciones más pequeñas tenían tal valor, que ningún santo, ni antes ni después de la venida de Jesucristo a la tierra, puede compararse con su santidad y todos sus actos juntos no tienen el valor de un sólo acto de Adán. Adán poseía en sí mismo la Divina Voluntad, poseía la plenitud de la santidad, la totalidad de todos los bienes divinos para poder llenar el Cielo y la tierra sobre los cuales él tenía dominio. Cada uno de sus actios fue hecho en la plenitud de todos los bienes divinos.

En sus actos, le dio a su Padre celestial toda la gloria, ese amor pleno, que ninguna criatura le dio, porque solo en la Divina Voluntad estos actos tienen un valor infinito. No existen fuera de ella. Adán participaba en la Divinidad al tener las riquezas de la Voluntad Eterna, porque a Dios, al crearle, no dejó nada fuera, en todo le fue dada tanta plenitud divina commo le era posible contener a la criatura. Y esto, mientras vivió en el Reino de la Divina Voluntad, reprodució en sí la imagen más hermosa que Dios quizo darle, dotándolo de voluntad, intelecto y memoria.

En la voluntad se refleja el Padre Celestial, que como Primer Acto, comunicó Su poder, Su Santidad, Su altura, a la cual fue elevada la voluntad humana, invistiéndola de Su propia Santidad, Poder y Nobleza ... entre las dos voluntades, todo estaba en común. , en mutuo acuerdo. Y es así como, en su primer acto, la voluntad de Adán fue constituida libre, independiente, tal como fue el primer acto de la Voluntad del Padre Celestial. Mientras que el Hijo y el Espíritu Santo  concurrieron en segundo y tercer acto. El Hijo, dotándolo de intelecto, el Espíritu Santo dotandólo  de memoria.

Con Luisa, durante su formación, Jesús nos enseña a todos a vivir, con nuestros actos, en Su Divina Voluntad y, sobre todo, a no salir de Ella. Todas las acciones hechas en Su Voluntad son tan apreciadas que tan pronto como el alma entra en Ella para actuar, Su luz la rodea y Jesús mismo corre para hacer que Su acto sea uno junto con el de la criatura, sean uno, y ya que Él es el primer acto de toda la Creación, sin Su primer impulso, todas las cosas creadas permanecerían paralizadas, sin fuerza e impotentes ante el más mínimo movimiento. La vida está en movimiento; sin ella todo está muerto.

Explica Jesús a Luisa que es Él, el primer movimiento, el que da vida y pone en acción a todos los otros movimientos. En tu primer movimiento, la Creación te rodea. Al igual que un carro en el que, al poner en marcha la primer rueda, se ponen en movimiento las demás ruedas. Entonces aquellos que trabajan en la Divina Voluntad se mueven en Su primer movimiento y de ahi van a encontrar y a operar en el movimiento de todas las criaturas ... aquellos que viven en la Divina Voluntad sustituyen a todos, Lo defienden de todo y resguardan Su movimiento, que es Su misma vida

Los Ángeles, por ejemplo, se conservan hermosos y puros tal como salieron de las manos del Creador. Siempre han permanecido en ese Primer Acto en el que fueron creados; por lo tanto, estando en ese Primer Acto de su existencia, están en ese único Acto de la Divina Voluntad que, sin conocer otra sucesión de actos, no cambia, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables. Toda su felicidad es permanecer voluntariamente en ese Acto Único de la Divina Voluntad. Todo lo encuentran en el circuito de la Divina Voluntad, no quieren ser felices de otra manera, sino sólo con lo que la Divina Voluntad les suministra.

Así, en la creación del hombre, la Divina Voluntad le fue dada como vida primaria y primer acto de todas sus obras. Debido a que creció en gracia y belleza, necesitó una Voluntad Suprema, que no solo acompañaba a su voluntad humana, sino que reemplazaba el trabajo de la criatura. La Voluntad Divina entra en la vida primaria de la criatura, y mientras se mantienga en ese primer Acto, que es su vida, la criatura siempre crece en gracia, en luz, en belleza, preserva el vínculo del primer Acto de la creación, dando A la Santísima Trinidad la gloria de todas las cosas creadas.

Todos los hechos en la Divina Voluntad entran en el Primer Acto, cuando se originó toda la Creación, y los actos de la criatura, besándose con los de la Divinidad, porque una es la Voluntad que da vida a estos actos, se difunden en todas las cosas creadas, tal como la Divina Voluntad se difunde en todas partes, y están constituidos por el intercambio de amor, de adoración y de gloria continua por todo lo que ha sido puesto en la Creación.

Al principio, con la virtud de la Divina Voluntad, la santidad del hombre estaba completa, porque provenía de un acto completo de Dios: era santo y feliz en el alma, así como santo y feliz en el cuerpo, porque la Divina Voluntad le traía los reflejos de la santidad de su Creador.

Ahora, cada criatura debe recorrer este camino para volver al punto donde se produjo la división; regresar para tomar la Voluntad Divina como vida, como regla y como alimento, para purificarse, para ennoblecerse, para divinizarse y para tomar el Primer Acto de la Creación, ya que la Venida del Divino Hijo a la tierra fue precisamente el primer acto: Dar a conocer la Voluntad de Dios Padre para renovarla nuevamente en las criaturas.

Al fusionar todo en la Divina Voluntad, el alma se "reordena", vuelve al principio de donde surgió y se restaura el orden entre el Creador y la criatura. Todas las cosas están en orden, tienen un lugar de honor, son perfectas cuando no se mueven del principio de donde salieron. Los actos realizados en la Divina Voluntad, y solo éstos, vuelven al principio donde se creó el alma y cobran vida en el contexto de la eternidad, trayendo a su Creador los tributos divinos, la gloria de Su propia Voluntad.



Majestad Suprema y Creador de todas las cosas,

en tu Voluntad, he viajado alrededor de todo,

para que todas las cosas puedan glorificarte, amarte y bendecirte,

que tu Voluntad descienda a la tierra,

para que pueda entrelazar y fortalecer todas las relaciones entre Creador y la criatura,

y así todas las cosas vuelvan al primer orden, establecido por Tí.

FIAT!



Riccardina

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