Sunday, 23 September 2018

“Orad, orad, orad y no abandonéis jamás la oración: el que ora se salva, el que no ora, se pierde ”. (2)

Pero hay que orar en verdad. En cuántas ocasiones, San Alfonso ha denunciado el riesgo de contentarnos con repetir fórmulas de oración, aun siendo tan bellas.

“Hay quienes recitan muchas oraciones vocales; pero, si no se practica la oración mental, difícilmente se harán bien  las vocales, que se pronunciarán distraídamente, por lo que apenas sí las escucha el Señor…

Y esto se comprueba con la experiencia: muchos recitan diversas oraciones vocales, el oficio divino, el rosario, y, sin embargo, caen en pecado y continúan viviendo en él.

Oración y pecado no pueden vivir juntos(3)


De ahí, las oraciones que siembran sus obras no son fórmulas a recitar de memoria, sino ejemplos que alientan nuestra oración, dicho de otra forma, nuestro diálogo con nuestro amigo Jesús. Porque San Alfonso, como el Evangelio, no nos habla sino de amor. Él dice y repite: “¡El Señor os ama: amadle!”.  Y, en su oración, no se cansa de pedir la gracia de convertirse en un “enamorado de Dios”.




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