“Vivimos, crecemos, amamos siempre junto con Jesús.
Quiero hacer vida en Tu Querer Divino
para que mi vida desaparezca en Él
y me vista con sus vestidos de rayos de luz
y con esta luz amaré por todos, convertiré a todos, daré a conocer a Jesús a todos. Siempre llamaré a su Querer Divino en todos mis actos para formar tantos Jesús en ellos por cuantas veces respiro, palpita...”
El alma que hace vida en el Querer Divino de Jesús, que obra unida a Él en las acciones, se identifica con Su humanidad y lo absorbe en sí misma (por ejemplo, como piensa, absorbe el pensamiento de Jesús en su mente, como mira, como habla, como respira, como palpita) absorbe y forma a Jesús en sus actos y hace cada vez más adquisición de las maneras divinas, de Su semejanza y Jesús, mirándose continuamente, se encuentra a sí mismo en esta alma.
Luisa olvidándose de sí misma y dejando fluir su voluntad humana en la vida de Jesús, vive todas las acciones del día dejando que Jesús mismo haga todo en ella.
El alma que obra en el Querer Divino se coloca casi al mismo nivel que Jesús, llega a encontrarse en las mismas alturas que Sus actos mientras estaba en la tierra que encerraba en Sus actos a todas las criaturas pasadas, presentes y futuras para ofrecerle al Padre actos completos a nombre de todas las criaturas. La vida de Luisa desaparece, se funde en la Luz (Sol) de la Divina Voluntad y esto le permite convertirse en un rayo unido al sol que se multiplica por toda la naturaleza, dando a cada uno efectos diferentes. Así el alma que obra en lo alto del Querer Divino se atreve sobre todas las criaturas y sobre las que purifican las tinieblas, sobre las que purifican y queman, dándole a cada uno los diferentes efectos que se necesitan y según las mayores o menores disposiciones de cada criatura.
“Hija mía, cuánto lamento ver al alma acurrucada en sí misma, verla obrar sola. Mientras, estando a su lado, Yo la miro, viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que hace, está esperando que me llame y me diga: ‘Quiero hacer esto y no sé cómo hacerlo; ven Tú y hazlo junto conmigo y seré capaz de hacer todo bien’...” (Jesús a Luisa-Vol. XI )