Sunday, 17 January 2016

EL TACTO.

EL TACTO es la habilidad de tratar con otras personas: 

sin darles motivo para que se ofendan. 

Implica saber cómo y cuándo decir las cosas. 

Sin embargo, no supone transigir en cuanto a lo que es propio ni distorsionar los hechos

. Tampoco debe confundirse con el temor al hombre.


Es la cualidad de ser discretos y quedarnos callados cuando debemos estarlo. 

Es quitarle el veneno al juicio o las palabras de alguien.


Quizá también pueda significar que las personas muestren lo mejor de ellas a través de nuestra tolerancia. Tener tolerancia es tener talento, donde en ocasiones tenemos que ceder en algo, aunque nosotros estemos en lo justo. Es no lastimar el amor propio de los demás.
Tener tacto es mostrar interés en todos los que nos rodean, aprendiendo a estimarlos y comprenderlos. Con tacto, normalmente podemos hacer más amigos. Con un poco de tacto, aprendemos a nunca discutir acaloradamente. 
Es evitar dar consejos cuando nadie nos lo pide 
y no hablar de uno mismo a menos que alguien nos lo solicite.
 Tener tacto es nunca lastimar el amor propio del prójimo.
Una forma de tener tacto es mostrar interés en aquello que les interesa y les gusta a los demás.
 La mejor fórmula es tratar a otros no como lo que son, sino como desean ser tratados. 
Creo que todos nosotros deseamos internamente ser al menos un poco diferentes de como somos y eso quizá pueda explicar muchas de las pequeñas contrariedades de la vida.
Mucha veces la profesión o el oficio de una persona no siempre coincide con sus talentos y aptitudes, por lo que halagar a una persona por su desempeño en otra área ajena a su trabajo generalmente lo hace sentir bien.

 Casi todos tenemos o al menos creemos tener aptitudes que van mucho más allá de nuestra profesión. En nuestra mente tenemos guardadas nuestras aspiraciones, nuestras metas, nuestros sueños del futuro, todos factibles de hacerse una realidad. 

Tener tacto es ocultar lo mucho que nos consideramos a nosotros mismos y lo poco que consideramos a los demás.
Si aprendemos a reconocerle al prójimo algo de la importancia que él desea tener, lo tendremos como un amigo agradecido.
Uno de los anhelos del ser humano es ser importante ante los ojos de los demás.

 Casi todos tenemos hambre de notoriedad y reconocimiento, pues eso es sentir que trascendemos, aunque en algunos casos alguno puede vivir en su mente la importancia que no pudo tener en el mundo de la realidad.
El tacto es eso que nos impide herir los sentimientos de alguien.
 Es el acto de ser considerado y discreto cuando se habla. 
Cuando no se tiene tacto, se es insensible e indiscreto. 
El tacto también está ligado a nuestra humildad.

Es una cualidad que deberíamos cultivar con pasión. Hablar con tacto nos engrandece como persona y nos gana sinnúmero de simpatías. Mientras los tiempos son más difíciles, mientras el entorno está más cargado de tensión, conflicto y agresiones verbales, más tacto nos hace falta al hablar


El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) define el tacto, en sentido figurado, como la habilidad para hablar u obrar con acierto en asuntos delicados, o para tratar con personas sensibles o de las que se pretende conseguir algo.



Al hablar la regla de oro es no causar 
dolor, 

sino acariciar los tímpanos de 

nuestros oidos.
 ….


Se puede comenzar por reflejar con nuestras palabras: que no estamos imponiendo nada, sino que estamos pidiendo algo que la otra persona puede darnos. “Podría por favor…”, “Disculpe usted, pero le podría pedir si…”, “Sería usted tan amable de darme…”, “Cuanto agradecería su gentileza en ayudarme a…”, “Dime no si es muy difícil, pero te podría pedir…”, “Tengo un problema y creo que tú eres la persona indicada para…”, son expresiones, con las cuales, usando tacto, podemos pedirle a otra persona algo que sabemos ella puede hacer por nosotros. Los insultos, el desprecio, el sarcasmo, la burla, el descrédito en nuestra expresión verbal, hieren a los demás






La lengua puede ser un arma o una caricia…... Es la vida o la muerte de nuestras conversaciones. Por eso, hay que saber escoger las palabras antes de expresarlas, para hablar con tacto. Una mala elección puede ser fatal. Una buena elección puede llevarnos al éxito. Nuestras palabras pueden crear sentimientos de felicidad, de amor, cercanía, gratitud y, lo más seguro, una radiante alegría. Con tacto podemos consolar, reconfortar, inspirar, motivar, elevar. Pero otras palabras pueden crear sentimientos de dolor, tensión y enojo.Finalmente, el tacto implica que debemos darle música a nuestra voz. Me refiero a que hablemos a otros de una forma que sea una experiencia placentera para sus oídos. ¿Cómo podemos hacerlo? Con el tono de voz que sea como una bella pieza de música. El tono de voz siempre tendrá un efecto en la reacción del que escucha. Cuando se usa con tacto, es calmado y placentero. Es que cada tono de voz da una energía diferente y conlleva un mensaje específico. Un tono de voz enojado y uno que es muy suave y gentil dan mensajes muy diferentes. Frustración, irritación, molestia, ira y decepción, todas ellas pueden ser detectadas en el tono de voz. Ciertas personas son muy sensibles a esto y otras menos, pero casi todas serán afectadas. Nuestro mensaje puede ser mayormente aceptado si lo expresamos en un tono de voz que refleje comprensión y respeto. En realidad, lo más importante no siempre son las palabras que decimos, sino el tono que empleamos. Hablar con tacto y decir lo que conviene en el momento adecuado, es hacerlo siendo sensible a los sentimientos ajenos, y es darle un estilo personal a nuestros diálogos con los demás.







La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por el Espíritu Santo

  La nueva Pentecostés “Reanimación” de la humanidad por  el Espíritu Santo Pentecostés es una festividad movible, es decir que está relacio...