Sunday, 24 April 2016

7 señales de madurez emocional

7 señales de madurez emocional

Normalmente, la madurez está asociada a la edad y a los años de experiencia de la vida cronológica. Sin embargo, cuando se trata de madurez emocional, la edad puede tener poco que ver con eso. Muchas veces la madurez física llega antes que la madurez emocional.

La madurez emocional no surge de la nada: exige trabajo, esfuerzo, buena voluntad y el deseo de mirar hacia dentro y conocerse mejor, con la mente y el corazón en perfecta sintonía. Madurar significa encarar la realidad como es, muchas veces es más dolorosa de lo que nos gustaría.

A continuación siete características de las personas emocionalmente maduras.

Saben decir adiós
La mayoría de nosotros siente mucho miedo, principalmente cuando se trata de soltar las amarras y dejar que la vida fluya.

Pensar que el pasado fue mejor es muy doloroso; nos impide soltar y dejar ir.

Las personas emocionalmente maduras saben que la vida es mucho mejor cuando es vivida en libertad. Entonces, dejan ir lo que no les pertenece, porque entienden que quedar sujeto al pasado impide cerrar ciclos y curar heridas emocionales.

Logran mirar el pasado emocional sin dolor
Limpiar el dolor del pasado es absolutamente necesario para avanzar en el camino emocional. Las hierbas dañinas crecen rápidamente; si no limpiamos nuestro camino, no veremos lo que viene.

Las personas emocionalmente maduras saben de la importancia de vivir el presente, superando y aceptando lo que pasó. Lo que sucedió ya pasó, no lo podemos cambiar. Aprende de los errores y sigue adelante.

Si perdemos el contacto con nuestro interior, no nos alejamos de él, sino que permitimos que lo negativo de nuestro pasado interfiera en nuestra vida presente. Eso es muy doloroso.

“Es por ese motivo que, cuando hayamos aprendido lo suficiente sobre nuestro dolor, perderemos el miedo de mirar hacia adentro para curar nuestro pasado emocional para dar un paso más en la vida”.

Tienen conciencia de lo que piensan y saben
La madurez emocional nos ayuda a entender mejor nuestros propios sentimientos y los de los demás. Las personas emocionalmente maduras se esfuerzan en escribir y pensar sobre sus opiniones o sobre cómo se sienten.

“Madurar es tener cuidado con lo que se dice, respetar lo que se oye y meditar lo que se piensa”.

La claridad mental de las personas maduras contrasta con la pereza y el caos mental de las personas inmaduras. Por lo tanto, la madurez emocional ayuda a resolver los problemas cotidianos de manera eficaz.

No se quejan de nada
Dejar de quejarse es la mejor manera de promover los cambios.

Las quejas pueden encerrarnos en laberintos sin salida. Las personas emocionalmente maduras han aprendido que somos lo que pensamos. Si actúas más y te quejas menos, significa que estás creciendo emocionalmente.

¿Quieres vivir infeliz? Quéjate de todo y de todos.

Logran ser empáticos, sin dejarse influenciar por las emociones ajenas
Las personas emocionalmente maduras tienen respeto por sí mismas y los demás. Tienen la habilidad de relacionarse de la mejor forma posible con los demás; saben oír, hablar e intercambiar información. Han aprendido a mirar de forma generosa al otro; todos tenemos valores diferentes, pero queremos ser aceptados y felices.

No se castigan por sus errores
Aprendemos de nuestros errores, hablar nos permite mirar los caminos que no debemos seguir.

Las personas maduras no se castigan por tener limitaciones, simplemente las aceptan e intentan mejorar. Saben que no siempre las cosas salen como quieren, pero cada error es una buena oportunidad para el crecimiento personal.

Han aprendido a abrirse emocionalmente
Las corazas emocionales pertenecen al pasado. Es muy importante tener compromiso, amor, autoconfianza y creer en las personas. No seas perfeccionista y no esperes la perfección de los demás. Olvida las desavenencias y perdona, incluso a ti mismo.

“Disfruta del tiempo compartido de la misma forma que disfrutas del tiempo a solas”.

La madurez emocional es asumir el control de tu vida, tener tu propia visión del mundo y la ambición para el éxito. Al desarrollar la madurez emocional la vida se vuelve un placer, y no una obligación.

REGLA DE ORO


Regla de oro.

La regla de oro que debemos emplear y tener siempre presente al elegir lo que hacemos, decimos; o no hacemos ni decimos, es la salvación de nuestra alma. Porque lo único realmente importante en esta vida es nuestra propia salvación, la salvación de la propia alma. Todo lo demás es secundario, por muy importante que pueda parecernos. 
Entonces siempre que elijamos hacer algo, debemos pensar primero si eso contribuye a nuestra salvación, si es bueno para nuestra felicidad eterna. Porque si perdemos nuestra alma, lo hemos perdido todo, y para siempre. 
Teniendo en cuenta este objetivo: de salvar el alma, entonces de ahora en adelante elegiremos mejor cada objetivo, cada acción, cada amistad, y nos iremos asegurando nuestro puesto en el Paraíso, pues para eso hemos sido creados por Dios: para pasar bien esta prueba de la vida en la tierra, y así merecer el Cielo. 
Si no hacemos así, entonces ponemos en peligro nuestra eternidad de dicha, porque quizás sin darnos cuenta, iremos errando el camino poco a poco, hasta que al fin perderemos la gloria del Cielo. 
Tengamos esto bien presente en cada elección que hacemos, a cada momento, en todo nuestro día, porque no es algo de poca monta, sino que es lo principal, el motivo para decidir el hacer o no hacer una cosa, o el emprender o no un camino. 
Pensemos que lo importante es salvar el alma, y que todo nos debe llevar a obtener este fin. Todo lo que nos ayude a lograrlo, bienvenido sea, hagámoslo. Pero lo que nos aleja o estorba el fin primordial, tenemos que rechazarlo como nocivo para nosotros, aunque nos “guste” o parezca bueno o indiferente. 
Esta vida en la tierra no es un fin en sí misma, sino que es un medio para alcanzar la Vida con mayúscula, para la que hemos sido creados por Dios, Vida que merece todo nuestro esfuerzo en alcanzarla y poner los medios necesarios para ello.

Sunday, 17 January 2016

EL TACTO.

EL TACTO es la habilidad de tratar con otras personas: 

sin darles motivo para que se ofendan. 

Implica saber cómo y cuándo decir las cosas. 

Sin embargo, no supone transigir en cuanto a lo que es propio ni distorsionar los hechos

. Tampoco debe confundirse con el temor al hombre.


Es la cualidad de ser discretos y quedarnos callados cuando debemos estarlo. 

Es quitarle el veneno al juicio o las palabras de alguien.


Quizá también pueda significar que las personas muestren lo mejor de ellas a través de nuestra tolerancia. Tener tolerancia es tener talento, donde en ocasiones tenemos que ceder en algo, aunque nosotros estemos en lo justo. Es no lastimar el amor propio de los demás.
Tener tacto es mostrar interés en todos los que nos rodean, aprendiendo a estimarlos y comprenderlos. Con tacto, normalmente podemos hacer más amigos. Con un poco de tacto, aprendemos a nunca discutir acaloradamente. 
Es evitar dar consejos cuando nadie nos lo pide 
y no hablar de uno mismo a menos que alguien nos lo solicite.
 Tener tacto es nunca lastimar el amor propio del prójimo.
Una forma de tener tacto es mostrar interés en aquello que les interesa y les gusta a los demás.
 La mejor fórmula es tratar a otros no como lo que son, sino como desean ser tratados. 
Creo que todos nosotros deseamos internamente ser al menos un poco diferentes de como somos y eso quizá pueda explicar muchas de las pequeñas contrariedades de la vida.
Mucha veces la profesión o el oficio de una persona no siempre coincide con sus talentos y aptitudes, por lo que halagar a una persona por su desempeño en otra área ajena a su trabajo generalmente lo hace sentir bien.

 Casi todos tenemos o al menos creemos tener aptitudes que van mucho más allá de nuestra profesión. En nuestra mente tenemos guardadas nuestras aspiraciones, nuestras metas, nuestros sueños del futuro, todos factibles de hacerse una realidad. 

Tener tacto es ocultar lo mucho que nos consideramos a nosotros mismos y lo poco que consideramos a los demás.
Si aprendemos a reconocerle al prójimo algo de la importancia que él desea tener, lo tendremos como un amigo agradecido.
Uno de los anhelos del ser humano es ser importante ante los ojos de los demás.

 Casi todos tenemos hambre de notoriedad y reconocimiento, pues eso es sentir que trascendemos, aunque en algunos casos alguno puede vivir en su mente la importancia que no pudo tener en el mundo de la realidad.
El tacto es eso que nos impide herir los sentimientos de alguien.
 Es el acto de ser considerado y discreto cuando se habla. 
Cuando no se tiene tacto, se es insensible e indiscreto. 
El tacto también está ligado a nuestra humildad.

Es una cualidad que deberíamos cultivar con pasión. Hablar con tacto nos engrandece como persona y nos gana sinnúmero de simpatías. Mientras los tiempos son más difíciles, mientras el entorno está más cargado de tensión, conflicto y agresiones verbales, más tacto nos hace falta al hablar


El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) define el tacto, en sentido figurado, como la habilidad para hablar u obrar con acierto en asuntos delicados, o para tratar con personas sensibles o de las que se pretende conseguir algo.



Al hablar la regla de oro es no causar 
dolor, 

sino acariciar los tímpanos de 

nuestros oidos.
 ….


Se puede comenzar por reflejar con nuestras palabras: que no estamos imponiendo nada, sino que estamos pidiendo algo que la otra persona puede darnos. “Podría por favor…”, “Disculpe usted, pero le podría pedir si…”, “Sería usted tan amable de darme…”, “Cuanto agradecería su gentileza en ayudarme a…”, “Dime no si es muy difícil, pero te podría pedir…”, “Tengo un problema y creo que tú eres la persona indicada para…”, son expresiones, con las cuales, usando tacto, podemos pedirle a otra persona algo que sabemos ella puede hacer por nosotros. Los insultos, el desprecio, el sarcasmo, la burla, el descrédito en nuestra expresión verbal, hieren a los demás






La lengua puede ser un arma o una caricia…... Es la vida o la muerte de nuestras conversaciones. Por eso, hay que saber escoger las palabras antes de expresarlas, para hablar con tacto. Una mala elección puede ser fatal. Una buena elección puede llevarnos al éxito. Nuestras palabras pueden crear sentimientos de felicidad, de amor, cercanía, gratitud y, lo más seguro, una radiante alegría. Con tacto podemos consolar, reconfortar, inspirar, motivar, elevar. Pero otras palabras pueden crear sentimientos de dolor, tensión y enojo.Finalmente, el tacto implica que debemos darle música a nuestra voz. Me refiero a que hablemos a otros de una forma que sea una experiencia placentera para sus oídos. ¿Cómo podemos hacerlo? Con el tono de voz que sea como una bella pieza de música. El tono de voz siempre tendrá un efecto en la reacción del que escucha. Cuando se usa con tacto, es calmado y placentero. Es que cada tono de voz da una energía diferente y conlleva un mensaje específico. Un tono de voz enojado y uno que es muy suave y gentil dan mensajes muy diferentes. Frustración, irritación, molestia, ira y decepción, todas ellas pueden ser detectadas en el tono de voz. Ciertas personas son muy sensibles a esto y otras menos, pero casi todas serán afectadas. Nuestro mensaje puede ser mayormente aceptado si lo expresamos en un tono de voz que refleje comprensión y respeto. En realidad, lo más importante no siempre son las palabras que decimos, sino el tono que empleamos. Hablar con tacto y decir lo que conviene en el momento adecuado, es hacerlo siendo sensible a los sentimientos ajenos, y es darle un estilo personal a nuestros diálogos con los demás.







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